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Sábado, 10 Marzo 2018 13:49

La asfixia económica provocada por las sanciones lleva a Kim Jong-un a negociar con Trump

  • El dictador de Corea del Norte utilizó su agresiva «diplomacia atómica» para reabrir el diálogo tras varios ensayos nucleares y de misiles
Escrito por Radio Televisión Vida

Con unos personajes tan excesivos como Trump y Kim Jong-un, solo había dos opciones: o una guerra nuclear o una cumbre histórica. Afortunadamente, se ha impuesto la cordura y Trump ha optado por «hacer un Nixon». Emulando al presidente del «Watergate», el primero de EE.UU. que visitó la China comunista y se reunió con Mao en 1972, el impulsivo Trump va camino de pasar a la Historia como el primer inquilino de la Casa Blanca en celebrar una cumbre con un dictador norcoreano. A la espera de saber dónde se verán ambos en mayo, su encuentro podría ser un bombazo diplomático en caso de tener lugar en Pyongyang. Y eso que, hace solo unos meses, Trump y Kim Jong-un se intercambiaban insultos como «Hombre Cohete» y «Viejo chocho» y se amenazaban con reducirse a polvo radiactivo.

Pero, una vez más, Kim Jong-un ha recurrido a la vieja estrategia norcoreana de la «diplomacia atómica» para retomar el diálogo en el último minuto, después de haber llevado cuatro pruebas nucleares desde 2013 y de lanzar decenas de misiles, algunos intercontinentales capaces en teoría de golpear territorio estadounidense. Al igual que hizo su abuelo, Kim Il-sung, a mediados de los años 90 y su padre, el «Querido Líder» Kim Jong-il, en 2007, el joven dictador norcoreano vuelve a la mesa de negociaciones con la promesa de renunciar a sus armas atómicas a cambio de que Washington le garantice que no intentará derrocar su régimen. Mientras tanto, se ha comprometido a detener sus ensayos nucleares y de misiles.

Con esta invitación para llevar a cabo una cumbre, que Trump ha aceptado celebrar en mayo, Corea del Norte no solo intenta normalizar sus relaciones con EE.UU. y obtener la ayuda humanitaria que tanto necesita su sufrido pueblo, sino también aliviar las sanciones internacionales impuestas por la ONU, que ya empiezan a asfixiar su maltrecha economía. En este sentido, parece haber sido decisiva la colaboración de China para cerrarle a Corea del Norte su única fuente de ingresos, reduciendo sus envíos de petróleo e importaciones de carbón y marisco.

Arrinconado
«Después de varios ensayos nucleares y misiles intercontinentales, todo el mundo, incluso China, se ha unido para arrinconar a Kim Jong-un, que busca una salida porque le será muy difícil sobrellevar las sanciones, explicaba el mes pasado a ABC en Seúl Thae Yong-ho, el vicecanciller de la Embajada norcoreana en Londres que desertó con su familia en el verano de 2016. Como el más alto responsable que huyó del régimen en una década y buen conocedor de sus interioridades, aseguraba que «Corea del Norte quiere romper las sanciones sin desnuclearizarse». Coincide con él Kang Chol-hwan, desertor y periodista que plasmó en su libro «Los acuarios de Pyongyang» los diez años que estuvo preso en el gulag norcoreano. «Aprovechando que la izquierda gobierna en el Sur, Kim Jong-un apuesta ahora por el diálogo para conseguir dinero porque las sanciones están afectando al régimen», señala Kang, quien sostiene que el régimen norcoreano «está intentando ganar tiempo».

Para Alexander Zhebin, director del Centro Coreano en el Instituto de Estudios Orientales de la Academia Rusa de Ciencias, Seúl y Pyongyang «tienen motivos muy urgentes y diferentes para retomar su cooperación económica, pero Kim Jong-un tendrá que resolver la cuestión nuclear con EE.UU. de forma bilateral». En su análisis para ABC, muy crítico con las amenazas de Trump, indica que «las dos Coreas están ansiosas por evitar una nueva guerra que tendría consecuencias devastadoras para ambas».

Tras reunirse con Kim Jong-un el lunes, el consejero de Seguridad Nacional surcoreano, Chung Eui-yong, pactó con él una cumbre en abril con su presidente, Moon Jae-in, y luego voló a Washington con un mensaje para Trump. Anunciada en la Casa Blanca el jueves por la noche (en la madrugada de este viernes, hora española), su reunión en mayo ha sido acogida con alegría y cautela en Asia.

«Milagro»
Como muñidor del trato, el presidente surcoreano lo calificó este viernes de «milagro» y vaticinó que «el encuentro de mayo será registrado como un hito histórico que alcanzó la paz en la Península Coreana». Menos optimista se mostró el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, quien insistió en «seguir ejerciendo la máxima presión hasta que Corea del Norte tome medidas concretas hacia su desnuclearización».

Por su parte, el ministro de Exteriores chino, Wang Yi, instó a Washington y Pyongyang a resolver sus problemas en pie de igualdad. Como hizo Nixon cuando visitó Pekín para ver a Mao en 1972, antes incluso de que ambos países tuvieran relaciones diplomáticas. Más de cuatro décadas después, Trump se marca un «Nixon» con Corea del Norte.


FUENTE: abc.es (10-03-2018)

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