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Lunes, 18 Diciembre 2017 19:03

La mitología de Star Wars

  • George Lucas basa gran parte de su mitología en Joseph Campbell y su “Héroe de mil caras”, buscando rasgos unificadores que dan sentido a los antiguos mitos y leyendas
Escrito por Radio Televisión Vida

Continúa la saga de Star Wars. La serie de películas que George Lucas, comenzó en 1977, ha cambiado no sólo la Historia del cine, si no que ha marcado la memoria de varias generaciones, que aún se emocionan al escuchar frases como “hace muchos años, en una galaxia muy lejana” o “que la fuerza te acompañe.

Más allá de su creciente despliegue de efectos especiales, hay una cosmogonía enrevesada, que ha ido profundizando cada vez más en el lado oscuro de los personajes.

Yo pertenezco a la generación que vio la primera entrega en una de las dos salas que se estrenó en Madrid. Se llamaba entonces “La guerra de las galaxias”. Hice cola con mi padre en la puerta del cine Roxy B, que había en la calle Fuencarral, cerca de donde todavía vivo. Coleccioné los primeros comics de Marvel y pedí que me regalaran el vinilo de la banda sonora original de John Willliams. Mi hijo pequeño, Edén, es ahora el que los lee y reproduce la música en un teclado electrónico…

La serie es interminable. Tras las primeras seis películas, los fans continúan desarrollando una fecunda actividad de apropiación y lectura creativa de la saga, a través de sus fanzines y páginas de Internet, rellenando los huecos y especulando sobre la historia previa al comienzo de la acción, como hace ahora “Rogue One”. Ya no sé si es una “precuela”, o un “spin-off”. Me pierdo ya con la terminología…


HACE MUCHOS AÑOS...

La primera película fue un respiro de aire fresco. Su intención era recuperar el espíritu de las matinales de aventuras de nuestra infancia. Su historia nace en un momento en que el cine estaba empezando a tomar un papel extraordinariamente crítico en la sociedad norteamericana, con películas como “Todos los hombres del presidente” sobre el escándalo Watergate, el ataque de “Network” a la televisión, o el humor adulto de “Annie Hall”.

En medio del duro realismo de los 70, Star Wars traía la excitación y el espectáculo del cine de otros tiempos. Cuando aparece La guerra de las galaxias en 1977, la industria estaba convencida de que sería un completo fracaso. Lucas había tenido ya un discreto éxito con una obra independiente –producida por Coppola–, “American Graffiti”, en la que recordaba una loca noche de adolescentes en una pequeña ciudad de provincias americana en los años cincuenta.

Eran las memorias de una fiesta antes de ir a la universidad, que recorren una cinta a ritmo trepidante, evocadas finalmente con la paciente mirada de un largo plano del protagonista, que contempla su vida desde la ventanilla del avión, en la dura resaca de la mañana siguiente. Nada que hiciera sospechar la fantasía de La guerra de las galaxias...


ÉPICA ESPACIAL
La primera película se estrenó en dos cines de Madrid en 1977 con el título de La guerra de las galaxias. Los siguientes dos episodios, El imperio contraataca (1980) y El retorno del Jedi (83), aparecen en medio del optimismo cultural de la era Reagan. Pero Lucas empieza a mostrar mayores ambiciones. Resulta irónico que un director de cine tan visionario, mercader y megalómano como él, haya nacido en un pueblo californiano llamado precisamente Modesto.

El impresionante rancho donde ahora vive, cerca de San Francisco, está rodeado de bosques, prados, colinas y lagos. Su casa no tiene nada de espacial, sino que es más bien de estilo victoriano, rodeada de elegantes muebles de madera y art-déco. Allí vive entre halcones y linces, caballos y vacas, e incluso una llama, junto a sus tres hijos adoptivos, lejos de Hollywood e inmerso en sus lecturas. Lucas ha basado gran parte de su mitología en la obra de Joseph Campbell y su “Héroe de mil caras”. Su idea era buscar los rasgos unificadores que dan sentido psicológico a los antiguos mitos y leyendas. Aquí no hay dioses, ni personificaciones de la naturaleza, historias sobre los orígenes, o narraciones culturales que tengan autoridad. Se trata más bien de un romance medieval.

Un romance es una historia de caballería, que incluye rescates de princesas, batallas con monstruos, y guerras épicas llenas de imaginación fantástica. Los caballeros de Star Wars llevan una armadura espacial, luchan con espadas de luz láser, y rescatan a la princesa Leia. Están gobernados por una jerarquía medieval con nobles, príncipes y emperadores. Desde un origen humilde, el héroe ha de pasar por una serie de rituales que le llevan a la madurez.

Luke Skywalker era un granjero al comienzo de la serie, que ha de aprender a ser un caballero Jedi para poder salvar el universo. Para ello debe enfrentarse a la ausencia de su padre, siguiendo la dirección de Owi-Wan Kenovi como el rey Arturo con Merlin. Estamos en el espacio, pero allí todavía hay castillos que atacar. Nuestros miedos son otros, pero tenemos la misma confianza supersticiosa en la magia, aunque ahora esté en la ciencia y la tecnología.

UNA NUEVA MITOLOGÍA
George Lucas hizo toda una mitología épica y espacial, para este tiempo. La Fuerza de los caballeros de Star Wars es despreciada por los malos de esta historia como una antigua superstición, pero para ellos es un poder sobrenatural. Es una divinidad más impersonal que cristiana. De hecho no sólo tiene un lado bueno, sino también uno malo. Es por eso que a veces se la ha relacionado con el budismo. La idea se le apareció literalmente en sueños, mientras salía de un coma por un accidente de coche que tuvo el año 75. "La Fuerza intenta despertar a la juventud a un cierto tipo de espiritualidad", dice Lucas en una entrevista con la revista Time. Pero es "más que una creencia en Dios, o en un sistema religioso en particular".

Lo que quería es "hacer que los jóvenes se empezaran a hacer preguntas sobre los misterios de la vida". El cree que "no hay nada peor que no tener interés en preguntarse si hay un Dios, o no lo hay". Ya que "tienes que tener una opinión, o estar buscando". El autor de esta saga dice creer en Dios, pero no sabe muy bien quién es. Aunque aborrece "un mundo completamente secular, en que el entretenimiento se convierte en un tipo de experiencia religiosa". No tenemos que aprobar la teología de Star Wars para reconocer en ella un hambre de heroísmo y realidad espiritual. Esos romances medievales nacieron al fin y al cabo de una visión cristiana del mundo. Por lo que una vez derrotado el imperio del mal, la serie se concentra en el mal interior, mostrando como el joven Skywalker se vuelve al lado oscuro de la Fuerza, convirtiéndose en Darth Vader. Las fantasías del espacio dicen más acerca de nosotros mismos, que de la naturaleza del universo.

Ese es el mal más importante, al que todos debemos enfrentarnos. La tecnología no puede acabar con él. Tampoco la mitología. De nada sirven para ello, nuestras espadas. Para eso hace falta gracia, no de una fuerza impersonal, sino de un Dios personal, que ha venido a vencer el mal por su muerte y resurrección.


FUENTE: Protestante Digital (18-12-2017)

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