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Lunes, 31 Marzo 2014 15:27

El Copero y el Panadero

Escrito por

Ayer tuve el honor de compartir en Nueva York (El Amanecer de la Esperanza, en el Bronx) una palabra que ha bendecido mucho mi vida desde que Dios me la dio. Trata sobre dos oficios que nuestro Rey nos ha asignado a cada hijo suyo: EL OFICIO DE COPERO Y EL OFICIO DE PANADERO.

Siento del Señor dejar registrada la palabra en este sitio web para que bendiga también por escrito. Por otra parte, he podido ampliar la revelación y añadir algunos puntos muy interesantes, como dos advertencias importantes para los coperos y los panaderos.

RECORDATORIO DE LOS PUNTOS IMPORTANTES DE LA ENSEÑANZA:

Texto base:
Génesis 40: 1Después de estas cosas, sucedió que el copero y el panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de Egipto.  2Y Faraón se enojó contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos. 3Y los puso bajo custodia en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel, en el mismo lugar donde José estaba preso. 4El capitán de la guardia se los asignó a José, y él les servía; y estuvieron bajo custodia por algún tiempo.

1. Dentro de nosotros hay dos oficios fundamentales en interacción: un copero y un panadero. Estos dos roles o profesiones nos han sido encomendadas y están bajo nuestra responsabilidad, como lo estaban el copero y el panadero bajo la custodia de José y éste les servía.

2. ¿Te das cuenta de que éste era el paso previo para llegar a la meta del propósito de Dios en la vida de José? Es decir, lo que separaba a José de su destino era servir bien al copero y al panadero. De la misma manera, lo que te va a abrir las puertas de tu llamamiento va a ser cuán sabia y diligentemente atiendas al copero y al panadero que Dios ha puesto bajo tu cuidado.

3. Dentro de nosotros hay un panadero: Todos, de una forma u otra, tenemos un servicio, un trabajo, un cúmulo de responsabilidades, un grupo de personas que nos han sido confiadas para que las cuidemos, una posición de liderazgo que nos demanda, si no todo... mucho.
Yo soy panadero. Doy de comer a mucha gente. Con mis mensajes, con mi pastoreo, con mi trabajo en la radio, con mi servicio en general. He de cumplir estas palabras de Jesús a sus discípulos: "¿Quién es, pues, el mayordomo fiel y prudente a quien su señor pondrá sobre sus siervos para que a su tiempo les dé sus raciones?" (Lucas 12:42). Es decir, tenemos que alimentar a la multitud, servirles, hacer de cocineros y camareros a la vez... El Maestro sigue diciendo "dadles vosotros de comer".

4. Como coperos tenemos un llamado a satisfacer a nuestro monarca: Debemos levantarnos por la mañana y prepararle una habitación donde Él se sienta confortable, y un trono limpio y listo donde se siente a reinar. Debemos crecer en nuestra amistad e intimidad con Él, hasta que sepamos lo que le agrada y lo que no, hasta que entendamos cómo se siente y lo que hay en su corazón, que con una sola mirada o suspiro que emita podamos reaccionar y hacer justo lo que Él está deseando.

5. Me debo a ambos oficios. Debo ser leal como panadero: Esto requiere una dedicación. No podemos servir de cualquier forma, debemos prepararnos, estudiar la palabra, llenarnos del Espíritu, dedicarle tiempo. Y no sólo me refiero a la predicación o ministerio de enseñanza por la radio o en otras formas. ¿Qué diremos de la alabanza? ¿Y del pastoreo? ¿O lo diaconal: lo técnico y logístico? ¿O ministrar a nuestra propia familia? Etc.
Y debo ser leal como copero: Me debo también a esa labor diaria de atenderle y estar junto a Él. Es una dedicación altísima la que se requiere para llegar a ser un buen copero. Pensemos en todo lo que era y hacía el copero y nos veremos allí reflejados.

6. Dos oficios en competencia o en colaboración: ¿Cómo ser panadero sin descuidar al copero? Y viceversa: ¿Cómo ser copero sin descuidar al panadero? Son dos lealtades que se pueden ver en competencia... Aunque lo cierto es que no deben estar enfrentados, sino todo lo contrario, en complemento, en colaboración, coordinados. Y ahí está el asunto: mantener el equilibrio. Por una parte cuido mi relación y servicio personal al Rey; por la otra doy la comida 'a tiempo' para todos los que dependen de mí en cuanto a alimentarse.
Ambos oficios, llevados en equilibrio y orden, van a ser un complemento extraordinario... Cuando tomo tiempo como copero recibo la materia prima y la unción para preparar una comida que pueda alimentar espiritualmente a otros. De la misma manera el panadero equipa y fortalece al copero, porque la palabra o el servicio en ese rol público a los primeros que fortalece y equipa es a nosotros para ser mejores en el ministerio secreto de coperos.

7. Estos dos oficios son tan importantes que, bien atendidos, serán los que nos abran la puerta del destino que Dios tiene para nosotros. Si no los cuidamos debidamente no podremos llegar al lugar del propósito del Rey con cada uno, al igual que para José supuso el paso previo antes de ver sus sueños materializados.


EL FUNCIONAMIENTO DEL OFICIO DE COPERO Y PANADERO:

Para terminar con esta importante enseñanza quiero meditar con vosotros en 12 puntos que articulan la dinámica del funcionamiento en este doble oficio de coperos y panaderos:

1. EL DÍA A DÍA DEL COPERO Y EL PANADERO:
Dentro de las preocupaciones o trabajos del hoy se encuentra, quizás en las primeras posiciones de nuestra lista de prioridades, el ser buenos coperos y panaderos. O dicho de otro modo: tener a punto nuestra relación con Dios y ser diligentes en nuestro servicio a los demás (además del resto de responsabilidades inaplazables). Eso es bastante para cada día. Y dentro de esa disyuntiva nos movemos todos nosotros: por una parte que no nos falte tiempo de ‘María’ (de adorar, de tener comunión, de oír al Amado, de ministrarle) porque esa es la mejor parte, la que quedará para siempre; pero del otro lado nos increpa ‘Marta’ (la que representa el servir, el preparar la comida para los de la casa, atender nuestros quehaceres…) y nos grita << ¡Oye que hay mucho trabajo! ¡Vamos! A la cocina, a servir las mesas, que hay muchos preparativos pendientes>> (Lucas 10:38-42 y Juan 12:1-3). Obviamente no podemos ser una María de calidad en plena carrera azarosa de Marta. Hay que darle a cada área de nuestro doble oficio su tiempo específico y su espacio adecuado.

Dentro de cada jornada busquemos satisfacer los requerimientos de ‘Marta’ y de ‘María’. Tomemos nuestro lugar ante el Rey como coperos y démosle la máxima dedicación: espíritu, alma y cuerpo. Vivamos con presteza y valor las horas del día que representan nuestro rol de panaderos. Ambas cosas son buenas, son para el Señor, son adoración… ¡Pero qué problema tan grande se puede formar si perdemos el balance hoy! ¡Si nos apasionados como coperos y a Marta se le cae la casa encima! ¡Si nos sobrecargamos como panaderos pero María se nos ‘muere de tristeza’!

En fin… a todos nos ha pasado tanto lo uno como lo otro y sabemos que así la cosa no marcha. Pero lo bueno es tenerlo muy claro como un objetivo diario, como un equilibrio que necesitamos en el tiempo presente. Y lo maravilloso es que si un día no lo hemos logrado, ese día se termina a las doce de la noche, y Dios nos da una nueva oportunidad para volverlo a intentar.

2. EL MANEJO DE LAS ETAPAS:
Sin perder de vista el consejo del punto anterior, debemos recordar que Dios nos mete en etapas y en ‘Kairos’ específicos. Dentro del proceso divino con cada uno de nosotros (proceso que dura toda la vida) se abren puertas de oportunidad por las que entrar. Son tiempos en los que el Señor hace algo diferente, quizás, a lo que ha hecho hasta aquí o a lo que hará después. Seremos bienaventurados si aprendemos a reconocer esos tiempos o etapas, y si, además, en ellos nos sujetamos a lo que toca en dicha estancia de la vida, aceptando lo que el Señor está haciendo con nosotros y hasta disfrutándolo. Si en el orden natural los individuos y familias vivimos ciclos bien definidos ¡cuánto más nosotros como hijos de Dios, llamados con un propósito santo! ¿En qué etapa te encuentras? ¿De qué es tiempo? ¿Qué nos pide ahora el Señor y qué no nos pide? Todos hemos de saber contestar a estas preguntas a menudo, en distintos momentos del camino.

Pues bien, veo en la Palabra, y he descubierto en mi propia experiencia, que hay etapas en las que predomina el copero y otras en las que está más requerido el panadero. ¿A qué me estoy refiriendo? Nos llegarán etapas en las que el oficio de copero es lo más importante dentro de todo lo que Dios está haciendo en nosotros; o en otras fases de la vida el trabajo y la responsabilidad como panadero se multiplica, y adquiere una relevancia que está por encima de lo normal.

Recordemos el caso de Nehemías: En la primera etapa de su vida fue copero de Artajerjes por 14 años. Después comienza su trabajo como restaurador en Jerusalén y de gobernador del remanente allí, que duró 12 años más. A continuación vuelve con el rey para ser su copero los últimos 9 años de su vida. Y a la muerte de Artajerjes regresa a Jerusalén para ser gobernador durante 14 años. En total 49 años de servicio adulto pero con 4 etapas bien diferenciadas. Nehemías alternó tiempos de copero y tiempos de panadero (panadero en el sentido de líder, restaurador y quien cuidó al remanente).

En nuestro caso pueden ser periodos más cortos, pero el principio sigue funcionando igualmente. En Pablo hubieron 3 años en el desierto de Arabia, al poco de convertirse, en los que estuvo buscando al Señor, menos en público, más dedicado a la oración y a la palabra; pero después vinieron los años de intenso servicio como apóstol de Cristo. Sin embargo, convendréis conmigo que hubieron estadías en las que Pablo estuvo encarcelado y que, en un sentido, eran etapas de copero del Señor. Allí Dios le hablaba y le daba carga por escribir a las iglesias sus epístolas. El caso de Jesús es al contrario: estuvo 30 años de copero y luego llegaron los 3 años y medio de panadero. 

No te desesperes si llega un tiempo a tu vida personal y familiar en la que el trabajo es agobiante y tienes más responsabilidad que nunca antes. Claro está, no dejes de cuidar tú día a día en los dos oficios, pero entiende que quizás estás atravesando uno de esos trechos en el camino en los que no vas andando, sino al trote ¡o al galope! Si después llega otro momento cuando el Señor te oculta, te para, te reserva estratégicamente y sientes que no estás avanzando en tu carrera ministerial, puede ser un tiempo de copero que tu Dios, en su inmensa sabiduría, te llama a tener. Sea una cosa u otra (o ninguna de las dos porque estás en una fase totalmente normal y estabilizada) los grandes hombres y mujeres de Dios se curten en los desiertos de la vida (soledades y sequedades que todos atravesamos) y en el duro y perseverante trabajo (soportando presiones y batallas como buenos soldados de Cristo Jesús). Como copero sentirás que tu comunión con Dios es un oasis en el que parar cada día. Pero si el Señor no te deja salir muy lejos de ese oasis por una temporada suele ser porque viene una larga caminata después.

3. EL PRIVILEGIO DE CENAR CON JESÚS CADA DÍA:
Veamos lo que nuestro Maestro nos dice en Lucas 17:7-10.

7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? 8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? 9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. 

En esta parábola de Jesús se vuelven a conjugar las funciones del panadero y del copero. Aparece el panadero cuando el siervo va al campo a trabajar la tierra o a pastorear las ovejas de su señor. Pero al volver a la casa la función cambia, porque ahora va a servir a su amo poniéndole la cena: esto es más propio de copero.
Puede resultar duro volver de un día de trabajo arando o pastoreando, asearse, y comenzar a darle de cenar al señor; para que luego, a lo último, podamos cenar nosotros también. Y si lo hacemos no tenemos que sentir que hemos hecho algo excepcional, pues es simplemente lo que nos corresponde (¡qué mínimo!). Siervos inútiles somos. Habremos tenido nuestro tiempo de panadero y para terminar de copero.

Lo interesante es descubrir que cuando nosotros hemos puesto nuestro empeño en ser buenos panaderos y coperos, el Señor nos recompensa con creces: Se ciñe para servirnos Él a nosotros. Nos ministra y nos da de cenar: Lucas 12:36-38.

36 y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. 37 bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. 38 y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos. 

¡Qué honra! ¡Qué privilegio! Que el Rey se baje de su trono y nos siente a la mesa para servirnos a modo de camarero. Dejando a un lado la faceta escatológica de estas palabras de Jesús, podemos aplicarlas a nivel personal y cotidiano. Entiendo sencillamente que para un siervo fiel y comprometido en trabajar para Jesús como panadero y copero, va a desatarse un nivel de relación y de confianza tan grande que el Señor va a querer ministrarnos personalmente y a la vez interactuar con nosotros como auténticos amigos.

4. LA RESTAURACIÓN VIENE A TRAVÉS DEL COPERO:
No estamos exentos ninguno de nosotros de poder caer en una crisis espiritual, personal, familiar o de cualquier otra índole. Sin entrar en lo que haya provocado ese bache emocional o esa debilidad puntual, ni en la duración que dicha prueba pueda tener, lo que sí podemos asegurar es que el panadero jamás es lo que te saca del atolladero, ¡es el copero!

Cuando Faraón se enfada con ambos servidores restauró al copero pero ejecutó al panadero. Cuando Marta y María están en el dilema de trabajo o devoción, Jesús reconvino a Marta y alabó a María. Si pasamos por un tiempo de tribulación, bajón o flaqueza, que no se nos ocurra remontar el vuelo y restaurar nuestro bienestar a través del quehacer y ajetreo del panadero (o de Martita) ¡Jamás! Eso es un engaño religioso; un parcheo; después de un tiempo la problemática vuelve a aparecer... y peor aún. Aprendamos de la Palabra: Faraón restauró al copero y el copero sacó a José de la cárcel. Ese es el camino.

Dios nos llama siempre a retornar a su Presencia como coperos, es decir, como sus amigos íntimos, sus confidentes y servidores del secreto. Desde allí (desde esa posición de coperos) resurgirá también un nuevo tiempo como panaderos, con una dimensión superior de servicio al Rey (con más amor, dependencia de la gracia divina, pasión y sabiduría).

5. ¡CUIDADO PANADERO!
El Señor me ha mostrado un peligro que corren los panaderos. Yo mismo lo he tenido que enfrentar y sé que lo seguiré haciendo el resto de mi vida: ¿Recordáis cuando Noé se embriagó con el vino de su viña? Era su propio fruto, el vino que él había elaborado y que podía servir para su casa. Pero cometió el error de deleitarse en su propia obra, en su propio futo (Génesis 9:20-29). Algo similar le sucedió al rey Ezequías: cuando vinieron los embajadores de Babilonia para interesarse por su estado de salud él les mostró toda su obra (su prosperidad, sus tesoros, sus propiedades... todo) y es en ese acto orgulloso cuando Isaías le declara que todo lo que ha mostrado será llevado a aquella tierra lejana en unas décadas (Isaías 39).

¿Qué le pasó a estos ilustres varones de Dios? Que se deleitaron y jactaron demasiado en el éxito de su obra y en su fruto, y esto se convirtió en un tropezadero.

Nos puede suceder a nosotros que, dedicados al oficio de panaderos, produzcamos en verdad un buen alimento. Que nuestra ministración sea respaldada por Dios en forma extraordinaria: en la palabra, con milagros, en la destreza o sabiduría, en el crecimiento, en los logros alcanzados, en la fortaleza que demostramos tener, o por el mucho amor que desplegamos sirviendo a los demás... Y entonces ¡Cuidado! No nos bebamos nuestro propio vino hasta embriagarnos. No sintamos como algo nuestro todo aquello. Hemos de regocijarnos con alegría santa, llena de temor y temblor, a la vez que le damos la gloria al Señor.

Comprendamos también que somos unos pequeños panaderos y que el Rey tiene a muchos más, y más bendecidos incluso que nosotros. De esta forma nunca vamos a creer que nuestro vino es el mejor. No tendremos en poco la comida de los demás. Cuando tengamos que enseñar, o mostrar, lo que Dios está haciendo en medio nuestro lo haremos con humildad, sin jactancia, con disposición de aprender de los demás, y reconociendo que nuestra mayor riqueza (lo que en verdad los hombres tienen que descubrir en nosotros) es el Señor mismo. ¡Eso es lo que Ezequías tenía que mostrar y no tanta riqueza y fruto! Sí, al Autor de las victorias, del fruto y de la riqueza de Israel.

6. ¡CUIDADO COPERO!
Pero aún mayor es el peligro como coperos. ¿Que por qué? ¿No te das cuenta de quién fue el primer copero? Fue Luzbel, el querubín protector, de alas desplegadas. El que adoraba la gloria del Rey estando más cerca que otros ángeles del Trono. Servía al Señor vestido en hermosura, sabiduría y esplendor. Pero empezó a reparar en su posición privilegiada. Apartó la mirada del Señor y se fijó en su propia belleza y honor. Y de esta forma empezó su corrupción y posterior caída.

Salmos 138:6: "Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, Mas al altivo mira de lejos". Dios, al altivo lo mira de lejos, pero es amigo íntimo del humilde. En el momento en el que entra la altivez en el corazón humano perdemos la cercanía con el Rey para poder ser sus coperos y entramos a vivir un engaño religioso; hasta que un día empezamos a darnos cuenta de que estamos mal y nuestro cristianismo ha perdido su esencia. Nuestro fruto habla mal  de nosotros.

¡Cuidado copero! Cerca del Señor podemos ver más claramente nuestra imperfección (nuestra viga) para ser transformados de gloria en gloria. El día que te sientas un superhombre... ese día un peligro terrible se cierne sobre tu vida (la caída puede ser estrepitosa) ¡Humillémonos! ¡Lloremos como la primera vez que Cristo nos mostró su gracia! Recordemos de dónde el Señor nos ha sacado, y simplemente clavemos la mirada en la cruz; aquella cruz por la que estamos hoy en íntima comunión con el Santo de los Santos.

7. LOS COPEROS SON LOS REPRESENTANTES CON MAYOR RESPONSABILIDAD:
En Isaías capítulo 36 y 37 aparece la figura del Rey (en este caso malísimo) Senaquerib y su Rabsacés (o copero mayor). Es, lógicamente, un ejemplo nefasto de hombres altivos que se rebelaron contra el Señor y fueron castigados. Sin embargo, si leéis esta historia, podéis notar que Senaquerib estaba tomando otras ciudades y quien viene contra Jerusalén es el Rabsacés. En aquel tiempo arcaico las comunicaciones eran muy complicadas. Imagino que el Rabsacés no estaba mandando a un mensajero para consultar a Senaquerib a cada rato. Tenía confianza y libertad para representar a su Rey, porque era su hombre de mayor confianza. El copero mayor conocía perfectamente a su Rey, sabía cuál era su voluntad y sin duda tenía un carácter y un sentir similar al de Senaquerib. Por eso sus palabras equivalían a las del rey, y Dios juzgó al rey asirio por lo que dijo e hizo su Rabsacés. Esto sí que es de mucha enseñanza.

Nosotros debemos llegar a ese grado de relación con el Rey: que adquiramos su carácter y sentir, conozcamos su voluntad y podamos representarle con la misma fidelidad que lo hizo el copero mayor en esta historia.
Nuestro Salvador fue el fiel reflejo del Padre y lo representó a la perfección. ¿Por qué? Porque vino de Él, porque siempre ha estado con el Padre, porque conoce al Padre y recibió instrucción de todo lo que tenía que hacer. Esta es la voluntad de Dios para nosotros. No podemos representar a Dios con otro espíritu, dejándole en mal lugar o haciendo lo que no está en su voluntad. La responsabilidad es demasiado grande y por eso se requieren coperos que vivan en todo el significado de dicho oficio.

8. EL PANADERO EJEMPLAR:
¿Quién si no Jesucristo mismo es nuestro panadero ejemplar? Es de mucho valor para mí verle, especialmente en el último año de ministerio y en los días de más persecución, apartándose  para estar con el Padre. Y temprano en la mañana se reunía con los discípulos o iba donde estaba la multitud para alimentarles con su amor, su poder y verdad. Pero tomaba tiempos de soledad, renovándose, escuchando al Padre, poniéndose en sintonía con el Espíritu, para después ser el mejor panadero: el que da un pan de vida eterna.  Juan 6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

10. SIEMPRE QUEDA EL COPERO:
Lucas 10:42 Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.
La parte que queda y que no nos será quitada es la de coperos. Por la eternidad le vamos a ministrar como real sacerdocio. Nuestra relación con el Cordero y la adoración que vamos a dispensarle serán por la eternidad. Dice también en Apocalipsis que le vamos a servir, pero ¿en qué? ¿cómo? ¿Cuál será nuestra labor como panaderos? No lo sabemos. Lo que sí sabemos con toda seguridad es que quedará el copero.

Por eso nunca debemos forjar nuestra identidad en lo que hacemos como panaderos, sino en nuestro lugar y papel como coperos, porque eso siempre va a quedar (no nos será quitado). Hoy puedo estar siendo usado por el Señor en una determinada manera y mañana en otra, pero mi llamado a servirle como copero siempre me acompañará. Si entendemos esto  nunca vamos a estar  ociosos o frustrados en la casa de Dios ¡Ya tenemos la mejor parte! ¡No hay nada más sublime que podamos hacer en la vida que ser sus coperos! Lo demás es por añadidura.

11. ¡EL COPERO TENÍA LA RESPUESTA! 
Cuando el Faraón estaba desesperado y nadie le podía ayudar ¿Quién tenía la respuesta? La tenía el copero. Él había conocido al hombre de Dios que traería salida a la situación que se iba a desencadenar en Egipto y en todo el mundo. Lo que el copero conoció en la oscuridad de la cárcel (recluido y con una experiencia dramática) sería hecho público en el instante preciso y para regocijo de todos.

Si somos hombres y mujeres de la Presencia de Dios vamos a tener respuestas para los hombres y para este mundo en crisis. Nuestro contacto con Dios, nuestras experiencias junto al Salvador van a ser la palabra de sabiduría, la luz y la medicina que están buscando muchos hombres, y la sociedad en general. Pero no es lo mismo hablar de lo que vivimos con Jesús, cerca de Él como coperos, que un cristianismo nominal, sin poder y sin frescura. Esto no será respuesta para nadie, ni siquiera para nosotros mismos.

12. CONCLUSIÓN:
Quiera Dios que las claves y exhortaciones que el Señor nos ha dejado en estas líneas no se nos olviden, sino que queden grabadas para siempre en nuestro corazón. Sobre todo vuelvo a repetir esta sentencia tan tipológica y llena de ánimo: lo que nos va a abrir las puertas del llamamiento va a ser cuán sabia y diligentemente atendamos al copero y al panadero que Dios ha puesto bajo nuestro cuidado. Estos dos oficios son tan importantes que, bien atendidos, serán los que nos abran la puerta del destino que Dios tiene para nosotros.

De la cárcel José pasó al palacio, pero entre medias aparecieron un panadero y sobre todo un copero.

Juan Carlos Parra.

Juan Carlos Parra

Pastor y  comunicador cristiano natural de Murcia, nacido el 15 de febrero de 1978.

Diplomado en Trabajo Social (2001) por la Universidad de Murcia y licenciado en Periodismo (2012) en la misma Universidad.

Ha trabajado como locutor en Radio Televisión Vida desde sus inicios en 1996, pasando a ser en el año 2004 el responsable de programación y en el año 2007 subdirector. 

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