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Martes, 25 Junio 2013 18:15

La misericordia

Escrito por
En este artículo quiero hablar de un tema que va muy unido al del artículo anterior, por si no habéis leído el artículo sobre la gracia,empezaré recordando la definición de ambas cosas, de la gracia y de la misericordia, para que tengamos muy claro lo que es cada cosa.
 
Misericordia = Dios no nos da lo que nos merecemos.
Gracia = Dios nos da lo que no nos merecemos.
 
Como decía en el artículo anterior, quizás pueda parecer un poco confuso dicho de esta manera, pero lo que esto quiere decir, es que la Misericordia consiste en que Dios no nos da lo que nos merecemos, porque lo que nosotros nos merecemos es el castigo eterno, merecemos la muerte eterna, merecemos la destrucción eterna, merecemos estar apartados de Dios para siempre, merecemos el infierno por toda la eternidad, y sin embargo, Dios por su misericordia no nos lo da.
 
la Gracia, es que Dios nos da lo que no nos merecemos, porque Dios nos da la salvación, que no nos la merecemos, Dios nos da su amor que tampoco nos lo merecemos, Dios nos da su justicia que por su puesto tampoco nos merecemos.
 
Como en el artículo anterior hablé de la gracia, en este artículo voy a hablar de la misericordia, así que vamos a leer el versículo que se encuentra en el libro del profeta Joel 2:13
 
13 Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová, vuestro Dios; porque es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y se duele del castigo.” 
 
Si podemos tener esperanza de que vamos a poder escapar del castigo eterno, si podemos tener alguna esperanza de salvación, es gracias a esta cualidad de Dios, Él es grande en misericordia, y por tanto no nos da el pago que nuestras acciones merecen.
 
A veces, los que hemos nacido en hogares cristianos, o los que llevamos muchos años convertidos, sin darnos cuenta, caemos en el error de creernos buenos, tenemos la tendencia a olvidarnos, de cuál es nuestra verdadera condición, y aunque nuestra naturaleza pecaminosa quedó clavada en la cruz, o por lo menos eso debería haber ocurrido, seguimos arrastrando una gran debilidad, una gran debilidad que con frecuencia nos lleva a caer en pecado, yo diría que nos lleva a caer en pecado con demasiada facilidad.
 
El mismo apóstol Pablo dice “¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”,  ¿quién puede librarnos de este cuerpo de muerte, si tenemos que arrastrarlo mientras vivamos. Esta expresión que utiliza el apóstol Pablo, tiene un sentido físico muy real, este símbolo que él utiliza responde a una práctica muy habitual en su tiempo, ya que en su tiempo tenían la costumbre cuando alguien había cometido un asesinato, de atar el cuerpo muerto a aquel que lo había matado, para que siempre tuviera que arrastrarlo hasta que el cuerpo muerto se descompusiera, y por eso el apóstol Pablo, haciendo alusión a esta práctica decía “¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”.
 
Nadie nos puede librar porque somos pecadores, y aunque nacidos de nuevo, seguimos siendo débiles, y nuestra debilidad nos lleva a pecar.
 
Aunque cuando testificamos somos los primeros en decir que no hay nadie bueno, todos hemos pecados y que todos estamos destituidos de la gloria de Dios, la realidad interna, es que en lo profundo de nuestro ser, muchas veces, nos sentimos igual que a los que les estamos testificando, no hay un sentimiento de que seamos culpables de pecado y de que necesitemos arrepentirnos para poder alcanzar la misericordia de Dios.
 
En la teoría sabemos que somos pecadores, pero en la práctica nos sentimos buenos, nos sentimos como el fariseo, “gracias Señor porque yo no soy un borracho, gracias Señor porque yo no defraudo, no engaño, porque no hago todas esas cosas visibles”, y nos olvidamos de que Dios ni hace acepción de personas, ni acepción de pecados. 
 
Con mucha frecuencia no tomamos en cuenta que para Dios no hay diferencia de pecados, toda trasgresión de la ley de Dios es pecado, y por tanto, mentir, aunque sea una mentira piadosa, o aunque sea una mentira sobre una cuestión sin importancia, es pecado, una actitud de orgullo es pecado, una pequeña desobediencia a Dios es pecado, o simplemente saber hacer lo bueno y no hacerlo es pecado, y es un pecado tan grave como el asesinato.
 
A nuestros ojos y para la ley de los hombres, hay una gran diferencia, nadie va a la cárcel por mentir, a no ser que cometa perjurio, pero sin embargo, aquél que asesina, sí que va a la cárcel, sin embargo para Dios, toda transgresión de su ley es pecado, toda desobediencia es pecado y merece la condenación eterna, por tanto tenemos que tener disposición a arrepentirnos siempre, aunque llevemos muchos años en los caminos del Señor, porque seguimos y seguiremos pecando, porque con mucha frecuencia nuestra carne se baja de la cruz, y nos lleva a cometer pecado.
 
Aunque aparentemente seamos buena gente, porque como cristianos que somos, supongo que estamos dando buen testimonio, y por lo tanto, a los ojos de los que nos rodean, somos buenas personas, pero a pesar de la buena opinión que puedan tener de nosotros, nosotros tenemos que ser conscientes de que en lo profundo de nuestro corazón, aún hay una iniquidad que nos lleva a cometer pecados, por lo que necesitamos seguir arrepintiéndonos, tenemos que estar siempre dispuestos a arrepentirnos delante de Dios, porque solamente a través del arrepentimiento podemos alcanzar la misericordia de Dios.
 
A pesar de los muchos años que llevemos en los caminos del Señor, seguiremos siempre necesitando que la misericordia de Dios hacia nosotros se renueve, y siga vigente, para que Dios no nos dé lo que nuestras acciones merecen y seamos destruidos.
 
 
Voy a acordaros una anécdota que ocurrió de verdad en 1982. Los que sois más o menos de mi edad o mayores, os acordaréis que en octubre de 1982 llovió mucho en el este de España, más de 100 l/m2, lo cual provocó la rotura de la presa de Tous, inundando toda la comarca, fue un auténtico desastre, los pueblos de alrededor quedaron casi completamente destruidos, pues en uno de esos pueblos, llamado Carcagente, había una iglesia evangélica, que por supuesto quedó inundada. Al cabo del tiempo, el pastor de esa Iglesia, contaba que cuando pudo volver a entrar en el local de la Iglesia, estaba todo el local destrozado, los bancos rotos, al igual que el púlpito y la mesa, había barro por todas partes y las huellas del agua llegaban hasta el techo.
 
Cuando empezaron a limpiar, encontraron la Biblia grande del púlpito muy estropeada y llena de barro, pero estaba abierta y en la página en la que estaba abierta, todo estaba ilegible por causa del barro, salvo dos versículos, estos dos versículos eran… Lamentaciones 3:22-23 
 
22 Que por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos,  porque nunca decayeron sus misericordias; 23 nuevas son cada mañana. ¡Grande es tu fidelidad!”
 
Esta anécdota ocurrió de verdad, y recuerdo que cuando el pastor la contaba, no podía evitar ponerse a llorar, y es que estos dos versículos encierran una gran verdad que cuando llegamos a entenderla de verdad, en toda su dimensión, no tiene más remedio que cambiar y transformar nuestra vida, porque si todavía no hemos sido consumidos, si todavía no hemos sido destruidos, no es por nuestros merecimientos, sino por la absoluta misericordia de Dios, porque como Jeremías podemos afirmar con rotundidad: “¡Grande es tu fidelidad!”.
 
La misericordia de Dios es difícil de explicar a la luz de la santidad y justicia de Dios y la maldad y el pecado del ser humano, ¿cómo un Dios tan santo y justo, puede amar y tener misericordia de un ser tan vil y despreciable como es el ser humano?...
 
Esta es una de las cosas admirables de Dios, que me dejan con la boca abierta ante su presencia, y me hacen adorar a Dios. Cuanto más avanzamos en el tiempo, más aumenta la maldad, la degeneración, la rebeldía, y la dureza de corazón, y sin embargo, Dios sigue teniendo misericordia de los hijos de ira, Dios sigue teniendo misericordia de aquellos que han decidido vivir de espaldas a su voluntad, y de aquellos que reniegan de su amor, porque si no tuviera misericordia de ellos, ya hace tiempo que habría destruido a los seres humanos, pero Dios aún sigue teniendo misericordia para ver si alguno más se vuelve de su mal camino y se convierte a Él, porque Dios no quiere la muerte del impío, sino que quiere que todos se vuelvan de sus malos caminos, se arrepientan y no tengan que pasar la eternidad en el infierno.
 
Pero quiero decirte en este día, que la misericordia de Dios no se extiende solo sobre los incrédulos, sino que también se extiende sobre su Iglesia, porque si estudiamos un poco lo que ha sido la historia de la Iglesia a lo largo de los siglos de existencia que tiene, nos daremos cuenta cómo la misericordia de Dios sobre la Iglesia ha permanecido siempre, porque si Dios no hubiera tenido misericordia de la Iglesia, hace muchos siglos que la hubiera destruido, pero Dios es grande en misericordia, y siempre espera a que haya un genuino arrepentimiento para poder restaurar, porque Dios por su gracia y su misericordia, no hay nada que le agrade más que restaurar las vidas.
 
Creo que si somos sinceros, todos nosotros tendremos que reconocer que si estamos, o seguimos en pie, es porque nunca decayó la misericordia de Dios hacia nosotros, si Dios no hubiera renovado su misericordia hacia nosotros cada día, hace tiempo que nos hubiera destruido, porque como dijo Jesús: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, nadie estamos libres de pecado, incluso después de haber conocido a Dios, después de habernos convertido y haber nacido de nuevo, seguimos pecando, y por tanto, necesitando la misericordia de Dios.
 
Ahora bien, tenemos que tener cuidado porque la misericordia de Dios no es infinita, la misericordia de Dios tiene un límite, y cuando alcanza ese límite, se desata la ira de Dios, por eso en el versículo que hemos leído al principio, y en otros tantos, se nos dice que Dios es “tardo para la ira y grande en misericordia,”, tardo para la ira, no quiere decir que nunca vaya a desatar su ira, porque aunque Dios es “tardo para la ira y grande en misericordia,”, llega un momento que su paciencia se acaba, y retira su misericordia y desata su ira, tenemos muchos ejemplos desde la antigüedad, y quiero recordar los 4 más significativos.
 
1º-. El diluvio.
 
 
A partir del pecado de Adán y Eva, seguido por el asesinato cometido por Caín, la maldad en la tierra fue aumentando, hasta que llegó a un límite donde la paciencia de Dios se agotó, pero aún así tuvo misericordia de los seres humanos que vivían en aquellos tiempos, y después de esperar todos los años que tardó Noé en construir el arca, aún dio 7 días de gracia, porque Dios es “tardo para la ira y grande en misericordia,”, pero terminados esos 7 últimos días de gracia, la ira de Dios se desató sobre la humanidad, y Dios ejecutó sus juicios, destruyendo a los seres humanos, salvo a Noé, su esposa, sus hijos y las esposas de sus hijos.
 
2º.- Los pueblos que habitaban en Palestina en tiempos de Abraham
 
Vamos a leer en Génesis 15:13-16
 
13 Entonces Jehová le dijo:  
 --Ten por cierto que tu descendencia habitará en tierra ajena, será esclava allí y será oprimida cuatrocientos años. 14 Pero también a la nación a la cual servirán juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza. 15 Tú, en tanto, te reunirás en paz con tus padres y serás sepultado en buena vejez. 16 Y tus descendientes volverán acá en la cuarta generación, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la maldad del amorreo.”
 
En estos versículos, el amorreo hace referencia a todos los pueblos que habitaban en Palestina, y la maldad de ellos era mucha, pero Dios ya le advierte a Abraham, que sus descendientes serían esclavos durante 400 años porque la maldad de los amorreos aún no había llegado a su colmo, es decir, la misericordia de Dios hacia los amorreos duró 400 años, la verdad es que Dios tuvo bastante paciencia.
 
Posiblemente los amorreos vivían pensando que no pasaba nada, que podían hacer lo que quisieran que Dios no iba a actuar, pero pasados los 400 años, la paciencia de Dios llegó a su límite y la misericordia de Dios tocó a su fin y Dios liberó a su pueblo de la esclavitud, y les regaló la tierra de Palestina, para que el pueblo de Israel en esta situación y en ese tiempo, se convirtiera en el brazo ejecutor de la ira de Dios sobre los amorreos.
 
Esta es la razón por la que Dios ordenó que el pueblo de Israel destruyera por completo a todos los pueblos que habitaban en Palestina, porque su paciencia hacia ellos se había agotado y Él había retirado su misericordia, y por tanto su justicia salió a relucir, teniendo que ejecutar el justo castigo que esos pueblos merecían, desatando así su ira sobre ellos.
 
3º.- El reino del norte
 
Desde la división del reino de Israel, en el reino del norte (Israel) y el reino del sur (Judá), el reino del norte se apartó de los caminos del Señor.
 
El primer rey del reino del norte, Jeroboam I, construyó dos ídolos desviando el corazón del pueblo tras la idolatría, y a lo largo de toda la historia del reino del norte, ningún rey se volvió a Dios, todos hicieron lo malo ante Dios, y provocaron que el pueblo se alejara de Dios.
 
En numerosas ocasiones Dios les envió profetas que les advirtieron que si no se volvían a Dios, si no dejaban la idolatría, Dios desataría su ira sobre ellos, los castigaría y haría que un pueblo del norte los destruyera. Aproximadamente en el año 721 a.C., todas esas profecías se cumplieron, los asirios invadieron Israel y destruyeron todo el reino del norte.
 
Si tenemos en cuenta que el reino del norte fue fundado aproximadamente en el año 931 a.C., nos daremos cuenta de que la paciencia de Dios hizo que tuviera misericordia del reino del norte durante más de 200 años.
 
Seguramente, por esos más de 200 años de paciencia y misericordia de Dios, hizo que el pueblo de Israel pensara que nunca se iba a acabar la misericordia de Dios, y por eso nunca hicieron caso de los profetas que Dios les enviaba, pero pasado el tiempo de la paciencia de Dios, Dios retiró su misericordia de sobre el pueblo de Israel, y los asirios los invadieron y los destruyeron.
 
4º.- El reino del Sur.
 
Es curioso que al ver el juicio de Dios experimentado por sus hermanos, los del reino del norte, no aprendieran la lección, e hicieron lo mismo que el reino del norte.
 
Es verdad que a lo largo de la historia del reino de Judá, el reino del sur, algunos de sus reyes se arrepintieron y guiaron al pueblo al arrepentimiento, por eso Dios prolongó su misericordia sobre el reino de Judá, pero quitando esos pocos reyes que hicieron lo bueno y lo correcto a los ojos de Dios, la mayoría hicieron lo malo, por lo que Dios les advirtió por medio de profetas, al igual que al reino del norte, pero ellos tampoco hicieron caso, por lo que 135 años después de la destrucción del reino del norte, Dios retira su misericordia de Judá y desata su ira sobre ellos, por lo que Judá es invadido por los babilonios y los judíos son llevados cautivos.
 
Lo que quiero resaltar con estos 4 ejemplos es que aunque Dios es “tardo para la ira y grande en misericordia,”, si no nos arrepentimos y nos volvemos a Él, su ira se desata y su castigo cae sobre nosotros, quizás pasen los años y pensemos que podemos hacer lo que nos dé la gana, porque no pasa nada, porque siempre oímos advertencias de que Dios es justo y castiga el pecado, pero nosotros no vemos ese castigo, por lo que no hacemos caso, pero en este artículo quiero recordar que sobre los habitantes de la tierra el castigo de Dios tardó miles de años en llegar, pero al final llegó, sobre los amorreos el castigo tardó 400 años, pero al final llegó, sobre los israelitas del reino del norte tardó unos 210 años, pero al final llegó, sobre los judío tardó otros 135 años, pero al final también llegó el castigo, por tanto no nos confiemos y pensemos que podemos hacer lo que nos dé la gana sin que nunca vaya a pasar nada, porque la paciencia de Dios tiene un límite, y cuando se alcanza ese límite, Dios retira su misericordia y derrama su ira.
 
Dios es un Dios de gracia y de misericordia, pero no podemos abusar de su gracia y de su misericordia, porque Dios también es un Dios de justicia que se duele del castigo, pero que no duda en castigar a sus hijos, para corregirlos.
 
Dios no es un padre blandito que se deja conmover por cuatro lágrimas y cuatro carantoñas, Dios quiere arrepentimiento sincero y genuino, y si en nosotros hay ese arrepentimiento, la gracia y la misericordia de Dios prevalecen, pero no olvidemos que Dios no mira lo externo, sino lo interno, Dios mira el corazón, por eso hizo diferencia entre Saúl y David.
 
Dios quiere tener misericordia de cada uno de nosotros, pero no le cerremos las puertas.
 
Que Dios os bendiga.
Miguel García

Pastor e hijo de pastor. Miguel es un hijo de emigrantes españoles, nacido en la ciudad suiza de Ginebra, en el año 1965. Sus padres, José y Carmen, abrazaron la fe en aquel país, y criaron a sus cuatro hijos varones (José, Emilio, Miguel y Benjamín), en el evangelio.

Miguel siguió desde muy joven las pisadas de su padre en el ministerio pastoral. Junto con sus hermanos, colaboró en las labores pastorales de las varias iglesias que pastoreó su padre. En 1989, Miguel fue ordenado como ministro. Desde ese mismo año, y hasta 1993, sirvió como copastor junto a su padre en la iglesia de Puerto de Sagunto, Valencia.

Entre 1997 y 2001 colaboró también con ciertas organizaciones llevando literatura cristiana en su coche a diferentes   ciudades árabes.

Miguel ha mostrada un deseo incansable de servir en la obra del Señor; esa es su pasión, ese es el motivo por el que vive. Todo lo demás: carrera, éxito laboral, solvencia económica, reconocimiento humano; todo lo ha  supeditado a su deseo ferviente y sacrificado de servir al Señor. Junto con su esposa Juani y su hija Damaris, han servido al Señor en Cartagena; también en Antequera; y como pastores de la Iglesia Cristiana Evangélica Apostólica, del movimiento del apóstol Daniel del Vecchio, en Torremolinos, Málaga. Actualmente están dedicados a fundar una iglesia en su propia casa, en Cartagena, y colabora con una emisora de radio cristiana en Murcia, llamada Radio Vida, realizando un programa semanal llamado REFLEXIONES, que es la fuente de inspiración para este libro.

Miguel, es tanto un hombre de la mente, como del Espíritu. El Señor le ha dado una capacidad intelectual extraordinaria. Es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia; por la misma universidad obtuvo el título de haber realizado el Curso de Aptitud Pedagógica. El Señor le ha dado dones en el área de la enseñanza, tanto de materias académicas, como de las Sagradas Escrituras.

Miguel ha usado sus dones para hacer una apología lógica y racional, a la vez que compasiva y práctica, de temas actuales y relevantes para el creyente en medio de la sociedad actual. El deseo del autor es ver a los creyentes caminar en rectitud y obediencia a la enseñanza de la Palabra de Dios. Al igual que su padre, Miguel, es un amante de la verdad de la Palabra de Dios y de sus principios eternos. Al igual que Esdras, el autor se ha propuesto inquirir en la ley del Señor, aplicar sus principios a su propia vida, y enseñarlos al pueblo de Dios (Esdras 7:10). Al igual que el apóstol Judas, Miguel se ha empeñado en contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3). Miguel habla y enseña con convicción, con sencillez y claridad.

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