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Martes, 28 Mayo 2013 16:50

La gracia

Escrito por
En este artículo, voy a hablar de un tema que marcó profundamente la vida del apóstol Pablo, y sobre el que enseña y enfatiza con bastante frecuencia, es el tema de la gracia inmerecida de Dios, para ello vamos a leer en 2ª Corintios 12:9, aunque primero quiero hacer una pequeña aclaración, porque con frecuencia confundimos los términos gracia, y misericordia, por lo que os voy a definir brevemente y espero que de forma clara estos dos conceptos, para que sepamos qué es la gracia, y qué es la misericordia y luego leeremos el este versículo que acabo de decir.
 
Misericordia = es que Dios no nos da lo que nos merecemos.
Gracia = es que Dios nos da lo que no nos merecemos.
 
Quizás pueda parecer un poco confuso dicho de esta manera pero es que la Misericordia es que Dios no nos da lo que nos merecemos porque lo que nosotros nos merecemos es el castigo eterno, merecemos la muerte eterna, merecemos la destrucción eterna, merecemos estar apartados de Dios para siempre, merecemos el infierno por toda la eternidad, y sin embargo, Dios por su misericordia no nos lo da.
 
Y la Gracia es que Dios nos da lo que no nos merecemos, porque Dios nos da la salvación, que no nos la merecemos, Dios nos da su amor que tampoco nos lo merecemos, Dios nos da su justicia que por su puesto tampoco nos merecemos.
 
Estos son los dos conceptos tan parecidos y a la vez tan diferentes, de lo que son la misericordia y la gracia de Dios.
 
Después de esta aclaración, vamos a leer el versículo que os dije antes, y que se encuentra en 2ª Corintios 12:9
 
9 Y me ha dicho: "Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.” 
 
Quiero empezar haciendo una pequeña introducción, para que nos demos cuenta de por qué el tema de la gracia fue tan importante en la vida de Pablo.
 
Pablo, como él mismo dice, fue fariseo de fariseos, lo cual implica que era un gran conocedor de la ley de Moisés, y no solo un gran conocedor de la ley de Moisés, sino que también era un practicante estricto de la ley de Moisés, y de las tradiciones que los ancianos de Israel, habían ido añadiendo a la ley, con el paso de los años, pero lo que quiero resaltar, es que el apóstol Pablo, no solo conocía muy bien la ley de Moisés, sino que la vivía intensamente, ya que él, al igual que los demás fariseos, creían en la resurrección y en la vida eterna, que por supuesto se podía alcanzar únicamente por vivir en el estricto cumplimiento de la ley.
 
Cuando hablamos de los fariseos, siempre o casi siempre lo hacemos para criticarlos por su hipocresía, pero no podemos olvidar que entre ellos había personas, que eran sinceras, y que a través del cumplimiento de la ley, trataban de obedecer y de agradar a Dios. Ellos pensaban que podían ganarse el favor de Dios, cumpliendo a raja tabla la ley de Moisés en sus vidas, y Pablo era una de estas personas, que en su deseo de agradar a Dios, procuraba vivir conforme a la ley de Moisés.
 
Evidentemente ni Pablo, ni ninguna otra persona, pudo vivir cumpliendo la ley de Moisés al 100%, solo era capaz de vivir cumpliendo los aspectos externos de la ley, es decir, solo podía cumplir la ley ceremonial y ritual, pero Dios no dio la ley para que el pueblo se limitara a cumplir la parte externa, la parte ceremonial y ritual. Dios dio la ley, para que el pueblo de Israel pudiera tener una relación real e íntima con Dios, lo que pasa es que es más cómodo cumplir la parte externa, lo visible, y no acercarse a Dios, que cumplir la ley acercándose a Dios, para mantener esa relación íntima con Dios.
 
Si yo me acerco a Dios, la luz y la gloria de Dios revelan la suciedad y el pecado que hay en mí, y por tanto si yo no quiero ver la suciedad y el pecado que hay en mi corazón, simplemente me limito a cumplir lo externo, porque eso no me compromete realmente con Dios.
 
Pablo que era un fariseo de fariseos, era un esclavo de la ley, y este es uno de los factores principales que hizo que el tema de la gracia, fuera tan importante en su vida, ya que siendo un hombre sincero como él era,  porque aún cuando persiguió a la Iglesia, lo hizo pensando agradar a Dios, por lo que él era un hombre sincero que amaba a Dios, y que deseaba vivir conforme a la voluntad de Dios, por eso este tema de la gracia fue tan impactante y tan importante para su vida, porque siendo un hombre sincero como era, tenía que sentirse frustrado muchas veces, al verse en ocasiones incapaz de cumplir al pie de la letra, la ley, por lo que al conocer a Cristo y la salvación por gracia, eso tuvo que producir un vuelco en su manera de pensar y en su manera de vivir, ya que la gracia, le hizo experimentar la libertad de la esclavitud que le producía la ley.
 
Esto que experimentó el apóstol Pablo, lo experimentan también todos los judíos sinceros que se convierten a Cristo.
 
Pero el motivo más importante del por qué la gracia lo marcó de esa manera, fue por su comportamiento los últimos años de su vida, antes de convertirse, así que vamos a ver qué hizo en esos años, vamos a leer en Hechos 7:58; 9:1,13-14
 
Hablando de la condena de Esteban, Lucas nos relata que 58 Lo echaron fuera de la ciudad y lo apedrearon. Los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.” (Hechos 7:58)
 
1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al Sumo sacerdote”  (Hechos 9:1) 
 
13 Entonces Ananías respondió:  
 --Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.” (Hechos 9:13-14)
 
Pablo, como buen fariseo, era celoso de la ley, y él creía que le hacía un favor a Dios, persiguiendo a aquellos que estaban predicando otra forma de salvación, por lo que era normal, que él que era un amante cumplidor de la ley y un ferviente creyente en la salvación por la ley, se dedicara a perseguir a aquellos que enseñaban una herejía.
 
No olvidemos que según la ley, los falsos profetas y falsos maestros que indujeran al pueblo a adorar y a servir a otros dioses, debían morir apedreados, por lo que Pablo, fiel cumplidor de la ley, se veía en la obligación de perseguir a muerte a los que predicaban esa supuesta herejía de la salvación por gracia.
 
Así que creo que cualquiera puede imaginar el gran y profundo sentimiento de culpa que tuvo que caer sobre su conciencia, cuando Jesús, se le aparece en el camino de Damasco, y le dice que verdaderamente Él es Dios y que por tanto, sus seguidores no son herejes, sino discípulos del único Dios verdadero.
 
Después de esta introducción, para que podamos entender por qué Pablo fue el mayor maestro de la gracia y por qué la gracia fue tan importante en su vida, quiero que nos demos cuenta, que aún después de la experiencia tan extraordinaria en su vida con la gracia, después de haber experimentado la gracia de una forma tan real y tan vívida, en ciertos momentos de su vida, no fue capaz de dejar obrar a la gracia de Dios, y por eso en el versículo que leí al principio, Dios tuvo que recordarle que su gracia es suficiente, en cualquier circunstancia de la vida, y que debemos descansar en la gracia de Dios.
 
Debo de decir, que nosotros los evangélicos, muchas veces tenemos claro el tema de la salvación por gracia, todos sabemos, porque lo hemos experimentado, que somos incapaces de salvarnos a nosotros mismos, por lo que si logramos alcanzar la salvación, es única y exclusivamente por la gracia de Dios, pero…
 
¿Tenemos tan claro que la gracia de Dios debe de bastarnos en todas las circunstancia de nuestra vida?...
 
Pablo tenía un aguijón en su carne, que no está muy claro a qué se refería, pero lo que sí tenemos claro es que era un mensajero de Satanás que lo abofeteaba, y en esta circunstancia adversa, Pablo se olvida de que la gracia de Dios está con él.
 
Según la lógica humana, era normal que Pablo pidiera a Dios que lo librara de ese aguijón y frenara los ataques o las bofetadas de ese mensajero satánico, porque ¿cómo va a ser la voluntad de Dios de que un demonio nos esté abofeteando impunemente?...
 
Probablemente, si Pablo hubiera vivido en nuestros días, seguro que se habría encontrado con algún que otro “querido hermano” que le hubiera dicho que estaba en pecado o que estaba bajo maldición, por estar siendo permanentemente abofeteado por un demonio, pero vemos que la realidad estaba muy lejos de eso.
 
Quiero volver a la pregunta ¿cómo va a ser la voluntad de Dios que un mensajero de Satanás nos esté abofeteando sin que Dios haga nada?...
 
Bueno, eso de que Dios no haga nada es un decir, Dios estaba haciendo algo, estaba permitiendo al demonio abofetear a Pablo, pero no solo estaba permitiendo esto, estaba controlando que la fuerza de la bofetada del demonio, no destruyera a Pablo, estaba controlando que el demonio no se pasara con Pablo, de la misma manera que Dios puso los límites a Satanás para que tocara a Job hasta cierto punto, también le estaba poniendo los límites a este mensajero de Satanás, para que las bofetadas tuvieran el efecto que Dios deseaba que tuvieran en Pablo, y que no pudiera ir más allá, ¿o pensáis que si este mensajero de Satanás no hubiera tenido los límites impuestos por Dios se hubiera limitado a abofetearlo, después de todas las almas que Pablo estaba liberando de las garras de Satanás?…
 
En ambos casos, el de Job y el de Pablo, el que Dios permitiera a Satanás tocar a uno de los suyos, era con un propósito bien definido, en ambos caso fue impedir el orgullo de sus siervos, así que si Dios está permitiendo que un mensajero de Satanás nos toque, vigilemos nuestro orgullo, porque a lo mejor esa es la lección que Dios quiere que aprendamos.
 
Ahora bien, este episodio en la vida de Pablo, debe de enseñarnos que debemos dejar lugar a la gracia de Dios, no solo para que nos lleve a la salvación, sino también para que nos ayude a soportar cualquier situación adversa que tengamos que vivir, porque debemos aprender y a interiorizar en nuestra vida que LA GRACIA DE DIOS ES SUFICIENTE en todo y para todo.
 
No sé si vosotros os lo habéis planteado alguna vez, pero yo como estoy convencido de que en el tiempo del fin, los cristianos vamos a ser perseguidos a muerte, sí que me lo he planteado alguna que otra vez, ¿estoy preparado para dar mi vida por el Señor?, o lo que es más difícil todavía, ¿estoy preparado para ver como un ser querido es torturado delante de mí a fin de hacerme negar mi fe?...
 
Debo de decir, que por un conocimiento teórico, porque sé que eso es lo que se espera de mí como cristiano, respondo a estas preguntas con un SÍ, pero debo reconocer que cuando veo mi debilidad, no estoy tan seguro de ser capaz de resistir la tortura, o ver a un ser querido siendo torturado, sin embargo, el consuelo que me queda es el saber que en esas circunstancias la gracia de Dios obra en nuestra vida, haciendo que seamos capaces de superar nuestro instinto de supervivencia, porque la gracia de Dios siempre es suficiente.
 
Pero quiero que nos preguntemos en este día ¿es verdaderamente suficiente la gracia de Dios en cualquier circunstancia adversa?..., porque si eso es así ¿por qué tantas personas traicionaron su fe ante la tortura?, o ¿por qué tantos cristianos abandonan el camino antes de llegar a la meta?... ¿por qué la gracia no ha sido suficiente para ellos?...
 
Hay una respuesta muy clara a todas estas preguntas que se encuentra en 2ª Timoteo 2:1
 
1 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.”
 
Para que la gracia de Dios, en el momento que la necesitamos sea suficiente, antes, hemos tenido que esforzarnos en la gracia.
 
 
Yo no puedo vivir de espaldas a la voluntad de Dios, y esperar que cuando me venga una situación complicada, la gracia de Dios sea suficiente en mi vida. Yo no puedo pretender vivir quebrantando el orden establecido por Dios y que la gracia de Dios fluya hacia mí, cuando yo la necesite. Yo no puedo querer que la gracia de Dios calme las tempestades que se han levantado como consecuencia de los vientos que yo he sembrado.
 
La gracia de Dios fluye a través de Cristo, por lo tanto si quiero que me alcance y sea suficiente en los momentos difíciles, o cuando un enviado de Satanás me abofetee, debo permanecer fuertemente unido a Cristo, y en esto consiste el esforzarse en la gracia.
 
Muchas veces queremos que la gracia sea suficiente, pero no estamos dispuestos a pagar el precio para que la gracia de Dios pueda alcanzarnos y fluir a través de nosotros, y después vienen los afanes y las angustias y nos lamentamos, pero cuando no estamos en medio de la tormenta, cuando es el tiempo de prepararnos y esforzarnos en la gracia, entonces preferimos hacer cualquier otra cosa.
 
Esto es como si yo compro un mueble de esos que venden desmontados, y que hay que seguir unas instrucciones para poder montarlo, si no sigo las instrucciones, probablemente lo monte mal y algo acabará por no poderse montar o por no funcionar correctamente, pero si no he seguido las instrucciones del fabricante, no podré ir al fabricante a quejarme de que no esté bien montado o de que no funcione bien.
 
Pues en el mundo espiritual actuamos con mucha frecuencia de esta manera, Dios en su Palabra nos da las instrucciones de cómo debemos de vivir, y cuáles deben de ser nuestras prioridades, para que nos vaya bien y para que su gracia sea suficiente en nosotros, pero si no somos capaces de obedecer a la Palabra de Dios, si vivimos de espaldas a lo que Dios dice y revela en su Palabra, luego no podemos o no deberíamos de lamentarnos de que su gracia no fluya y no sea suficiente en nosotros.
 
Volviendo al primer versículo que leí, vemos que la respuesta de Dios a la petición de Pablo, no fue la que Pablo hubiera esperado o deseado, Pablo hubiera deseado que Dios le quitara el aguijón, o impidiera al mensajero de Satanás que siguiera abofeteándole, pero la Respuesta de Dios fue “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad"”, y como Pablo sí que vivía de verdad conforme a la voluntad de Dios, como Pablo siempre se esforzaba en la gracia, la gracia de Dios pudo fluir en él y hacer que a pesar de seguir teniendo el aguijón, la gracia de Dios fuera suficiente, y esto lo podemos ver en que cuando leemos todo el contexto de este relato donde nos cuenta lo del aguijón, no podemos apreciar queja de parte de Pablo hacia Dios, ni resentimiento, porque verdaderamente, la gracia de Dios fue suficiente en la vida de Pablo.
 
Viendo el ejemplo del apóstol Pablo, me pregunto ¿no nos da un poco de envidia de ver que a pesar de que Dios permitiera que un mensajero de Satanás lo estuviera abofeteando, Pablo podía tener paz, porque la gracia de Dios lo sostenía?...
 
Pues si nos da envidia, no tenemos más que hacer lo que hacía Pablo, dejemos la comodidad, dejemos de vivir según nuestra voluntad o según nuestras prioridades y vivamos como hacía Pablo, esforzándonos en la gracia y dejando que la gracia sea suficiente, porque si hacemos esto, quizás Dios no nos libre de la enfermedad, o no nos libre del problema, o de la situación adversa, pero su gracia fluirá en nosotros y será suficiente, de tal manera que podremos sentir paz en la tormenta.
 
Dios quiere lo mejor para nosotros, y aunque a veces no lo entendamos, lo mejor para nosotros es atravesar un desierto, o nos puede ocurrir lo mismo que le ocurrió a Pablo, lo mejor para él, no era que Dios le quitara el aguijón, no era que Dios le impidiera al mensajero de Satanás que siguiera abofeteándolo, porque si Dios lo hubiera hecho, quizás, el orgullo de Pablo, hubiera hecho que se ensoberbeciera y se apartara del camino.
 
Dios quiere lo mejor para nosotros, y eso implica a veces no librarnos de nuestros aguijones, no impedirle a Satanás que envíe alguno de sus mensajeros para que nos abofetee, pero si Dios tiene que permitir estas situaciones en nuestras vidas, no nos preocupemos, porque eso quiere decir que Dios tendrá su gracia preparada para que pueda ser suficiente en nuestra vida, y podamos tener paz en la tormenta, pero para eso debemos de habernos esforzado en la gracia, antes que vengan las tormentas a nuestras vidas.
 
Que Dios os bendiga.
 
Miguel García

Pastor e hijo de pastor. Miguel es un hijo de emigrantes españoles, nacido en la ciudad suiza de Ginebra, en el año 1965. Sus padres, José y Carmen, abrazaron la fe en aquel país, y criaron a sus cuatro hijos varones (José, Emilio, Miguel y Benjamín), en el evangelio.

Miguel siguió desde muy joven las pisadas de su padre en el ministerio pastoral. Junto con sus hermanos, colaboró en las labores pastorales de las varias iglesias que pastoreó su padre. En 1989, Miguel fue ordenado como ministro. Desde ese mismo año, y hasta 1993, sirvió como copastor junto a su padre en la iglesia de Puerto de Sagunto, Valencia.

Entre 1997 y 2001 colaboró también con ciertas organizaciones llevando literatura cristiana en su coche a diferentes   ciudades árabes.

Miguel ha mostrada un deseo incansable de servir en la obra del Señor; esa es su pasión, ese es el motivo por el que vive. Todo lo demás: carrera, éxito laboral, solvencia económica, reconocimiento humano; todo lo ha  supeditado a su deseo ferviente y sacrificado de servir al Señor. Junto con su esposa Juani y su hija Damaris, han servido al Señor en Cartagena; también en Antequera; y como pastores de la Iglesia Cristiana Evangélica Apostólica, del movimiento del apóstol Daniel del Vecchio, en Torremolinos, Málaga. Actualmente están dedicados a fundar una iglesia en su propia casa, en Cartagena, y colabora con una emisora de radio cristiana en Murcia, llamada Radio Vida, realizando un programa semanal llamado REFLEXIONES, que es la fuente de inspiración para este libro.

Miguel, es tanto un hombre de la mente, como del Espíritu. El Señor le ha dado una capacidad intelectual extraordinaria. Es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia; por la misma universidad obtuvo el título de haber realizado el Curso de Aptitud Pedagógica. El Señor le ha dado dones en el área de la enseñanza, tanto de materias académicas, como de las Sagradas Escrituras.

Miguel ha usado sus dones para hacer una apología lógica y racional, a la vez que compasiva y práctica, de temas actuales y relevantes para el creyente en medio de la sociedad actual. El deseo del autor es ver a los creyentes caminar en rectitud y obediencia a la enseñanza de la Palabra de Dios. Al igual que su padre, Miguel, es un amante de la verdad de la Palabra de Dios y de sus principios eternos. Al igual que Esdras, el autor se ha propuesto inquirir en la ley del Señor, aplicar sus principios a su propia vida, y enseñarlos al pueblo de Dios (Esdras 7:10). Al igual que el apóstol Judas, Miguel se ha empeñado en contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3). Miguel habla y enseña con convicción, con sencillez y claridad.

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