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Jueves, 25 Abril 2013 08:49

EL AMOR

Escrito por

 

Voy a hablar de un tema muy conocido, muy tratado, incluso yo mismo hablo con frecuencia de él, pero como es uno de los temas más importantes de la Biblia, como es uno de los pilares de la vida cristiana, voy a volver a hablar de él, el tema al que me refiero es el amor, vamos a leer en 1ª Corintios 13:13
 
13 Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.” 
 
¿Os habéis parado a pensar por qué el amor es el mayor?...
 
Hay varios motivos que justifican esta afirmación:
 
1º.- Porque la fe y la esperanza se acabarán, cuando ya obtengamos lo que esperamos, ya no necesitaremos la esperanza, cuando veamos a Dios cara a cara, ya no necesitaremos la fe, pero sin embargo, el amor permanecerá para siempre, porque la base de las relaciones en el reino de Dios es el amor, y la ley que imperará en la Nueva Jerusalén, será la ley del amor, por tanto, el amor es eterno, permanecerá para siempre, por toda la eternidad, por eso el amor es más importante que la fe y la esperanza.
 
2º y más importante: Porque el apóstol Juan nos dice que Dios es amor, es decir, el amor es parte esencial en la misma naturaleza de Dios, el ser divino, tiene el amor en sus genes, si Dios tuviera genes, el amor es parte constitutiva de la propia naturaleza divina, sin embargo, la fe o la esperanza, no son parte de la naturaleza o esencia divina.
 
Además, el apóstol Pedro nos dice en su segunda carta que nosotros somos participantes de la naturaleza divina, es decir, a través del nuevo nacimiento, la naturaleza divina pasa a formar parte de nosotros, así que quiero preguntarte en esta tarde.
 
¿A quién se parecen tus hijos biológicos?..., ¿de quiénes son los genes que tienen tus hijos biológicos?...
 
Evidentemente son tuyos y de tu cónyuge, tus hijos no pueden tener los genes de otra persona, y por tanto no se pueden parecer a otra persona.
Pues eso debe de ocurrir en nosotros, si Dios es nuestro Padre, ¿a quién debemos parecernos?..., por supuesto que a Dios, porque tenemos sus mismo genes, somos participantes de su naturaleza divina, y ya hemos visto que el amor es parte de esa naturaleza divina, por lo que el amor debe ser parte de nuestra nueva naturaleza, que Dios ha engendrado en nosotros, a través de nuestro nuevo nacimiento.
 
Esta es la razón principal de por qué se le da tanta importancia al tema del amor en toda la Biblia, y especialmente en el Nuevo Testamento, porque el amor es una de las cosas que nos identifican como hijos de Dios, porque es parte de la naturaleza de Dios, y por tanto, debe de ser parte de nuestra nueva vida, porque en esa nueva vida que Dios nos ha dado, ha puesto su propia naturaleza en nosotros, y por tanto, debemos de parecernos a Dios, y Dios es amor.
 
Con frecuencia digo, e insisto, ¡no necesitamos orar pidiéndole a Dios que nos dé de su amor!, porque eso es como si mi hija me pidiera que por favor, le diera de mis genes. Mi hija no tiene que pedirme que le dé mis genes, porque ya los tiene, son parte constitutiva de su naturaleza, de su propio ser, porque para engendrarla, ya le di mis genes, y Dios, al engendrarnos, cuando nacimos de nuevo, ya nos hizo partícipes de su naturaleza divina, y el amor es parte esencial en su naturaleza divina, por tanto, si somos partícipes de su naturaleza divina, somos partícipes del amor, que forma parte de su naturaleza divina.
 
Esto lo explica el apóstol Pablo en su carta a los Romanos 5:5
 
5 y la esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.”
 
 
El amor ya ha sido derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que nos fue dado, y yo pregunto ¿cuándo nos fue dado el Espíritu Santo?..., no me refiero al bautismo del Espíritu Santo, sino cuando entró el Espíritu Santo en nuestro corazón, fue en el momento de nuestro nuevo nacimiento, ya que fue el Espíritu Santo que trajo convicción de pecado y fue el Espíritu Santo quien nos guió al arrepentimiento, luego fue en el nuevo nacimiento cuando el amor de Dios fue derramado en nuestros corazones, porque fue en el nuevo nacimiento que Dios engendró su propia naturaleza en nosotros.
 
Hoy en día hay muchas personas que no están conformes con los genes que han recibido de sus padres y por eso las clínicas de cirugía estética hacen su agosto, las personas se cambian de nariz, o se ponen lentillas de colores, o las mujeres se operan los pechos, porque no están conformes con los genes que han recibido, y muchas veces a los cristianos nos pasa espiritualmente lo mismo, porque cuando no manifestamos el amor de Dios, es por uno de estos dos motivos, o porque realmente no hemos nacido de nuevo, y por tanto no tenemos la naturaleza de Dios, o porque no estamos conformes con los genes que hemos recibido de Dios y tratamos de hacer una cirugía espiritual, ocultando esos genes que hemos recibido de Dios.
 
No debemos orar para que Dios derrame su amor en nuestros corazones, porque Él ya lo ha hecho, lo que debemos de orar es para pedirle a Dios que nos ayude a manifestar ese amor que ya fue derramado en nuestros corazones, porque el amor debe de ser lo más importante en nuestras relaciones entre nosotros.
 
Si leemos todas las epístolas del Nuevo Testamento, veremos un continuo llamado a que todo lo hagamos con amor, y que nos manifestemos el amor los unos a los otros, porque como dije antes, el amor es lo que nos identifica como hijos de Dios, y lo que nos distingue del reino de las tinieblas, porque la motivación que nos lleva a obrar a los cristianos, debe de ser el amor.
 
Dos personas que lo dan todo para ayudar a los necesitados, pueden tener dos destinos muy diferentes; una, a pesar de haberlo dado todo por los necesitados, puede acabar en el infierno, porque las buenas obras no nos salvan, si su motivación era el acallar su conciencia, o el sentirse orgulloso por lo bueno que es, o para sentirse mejor que otros que no son capaces de darlo todo por los demás, su destino final es el infierno, porque no ha nacido de nuevo.
 
Pero si la otra persona ha nacido de nuevo y su motivación al darlo todo por los necesitados es el amor a Dios y el amor al prójimo, su destino final será el reino de los cielos.
 
Ambos han hecho lo mismo, pero su destino es tan diferente porque uno lo hace por motivaciones egoístas y el otro lo hace por amor, al manifestarse la naturaleza de Dios que ha sido engendrada en su corazón, en el nuevo nacimiento.
 
La necesidad de que todo lo que hagamos sea movido por el amor, lo podemos ver en muchos versículos, pero como ejemplo vamos a leer en 1ª Corintios 16:14
 
14 Todas vuestras cosas sean hechas con amor.”
 
Este versículo tan corto, debe de ser una constante en nuestra vida, este versículo debería llevarnos a preguntarnos cada vez que vamos a hacer algo ¿para qué lo hago y por qué lo hago?..., ¿voy a hacer esto o aquello para agradar a Dios y bendecir a los hermanos, o voy a hacerlo para ser visto, para sentirme orgulloso o importante o para cualquier otra cosa?, ¿voy a hacer esto o aquello por amor a Dios y a los hermanos, o por amor a mi mismo?...
 
Que conste que esta lucha, o estas preguntas tenemos que hacérnoslas todos, todos los días, porque la tendencia natural de nuestra carne, es hacer las cosas con motivaciones egoístas, si Pablo les dice a los cristianos de Corinto “Todas vuestras cosas sean hechas con amor.”, es porque entre los cristianos, con frecuencia, obramos con motivaciones equivocadas, Pablo habla bajo la inspiración divina, y Dios conoce nuestra debilidad, y nuestra tendencia a la carnalidad, por eso nos recuerda que la motivación de todo lo que hagamos, tiene que ser el amor, porque todo lo que hagamos cuya motivación no sea el amor, no agrada a Dios, aunque delante de los ojos humanos, sean muy buenas obras.
 
Ahora que sabemos por qué el amor es tan importante, que sabemos que el amor de Dios ya ha sido derramado en nuestro corazón y que todo lo que hagamos debe de ser motivado por el amor, vamos a ver algunas características de cómo debe de ser el amor.
 
Os recomiendo que leáis el capítulo por excelencia del amor, que es 1ª Corintios 13, aunque ahora no lo vaya a escribir, por ser demasiado largo, pero la mayoría de las características del amor que vamos a ver, están sacadas de ese capítulo, también os digo, que para no alargarme demasiado, no vamos a ver todas las características, sino solo algunas.
 
1ª CARACTERÍSTICA DEL AMOR: El amor es sufrido
 
 
Ser sufrido quiere decir que soporta el sufrimiento, y si somos realistas, cuando amamos de verdad, somos capaces de soportar cualquier sufrimiento, como ejemplo podemos pensar en el amor de los padres hacia los hijos, ¿cuántos desvelos, preocupaciones, y disgustos, que todo en su conjunto genera sufrimiento, no se producen a lo largo de la crianza de un hijo?, y sin embargo no dejas de amarlo.
 
El amor entre nosotros debe de ser sufrido, eso quiere decir que tenemos que soportar el dolor y el sufrimiento que nos puedan producir, con resignación, para no dejar de amar.
 
Jesús advirtió que al proliferar y aumentar la maldad en los últimos tiempos, el amor de muchos se enfriará, y eso es porque el amor dejará de ser sufrido, y la verdad es que estamos viendo a diario, en las noticias, como el amor ha dejado de ser sufrido, ya nadie aguanta nada, y el amor se rompe a la primera de cambio, porque se ha perdido esa característica del amor verdadero. Hoy en día el amor ha dejado de ser sufrido, y por tanto, a la primera de cambio se dice que se ha perdido el amor, que ya no hay amor, que el amor ha desaparecido, y se rompen las relaciones, pero entre los cristianos no puede, o no debe de ser así.
 
El amor entre nosotros no puede acabar, porque si acaba, es que la naturaleza de Dios ha desaparecido de nuestra vida, por tanto, el amor entre nosotros debe de seguir siendo sufrido, debemos de seguir siempre soportándonos los unos a los otros con amor.
 
Si el amor entre nosotros es sufrido, nos lleva a la segunda característica del amor.
 
2ª CARACTERÍSTICA DEL AMOR: El amor no guarda rencor
 
Uno de los problemas más grandes que puede surgir entre nosotros es el guardar rencor, en primer lugar es porque si guardamos rencor quiere decir que nuestro amor no es sufrido, pero en segundo lugar, si guardamos rencor, estamos incumpliendo el mandato de Jesús de que debemos de perdonarnos hasta 70 veces 7 al día.
 
El hecho de que guardemos rencor, además de manifestar que no tenemos el amor de Dios en nuestro corazón, es muy grave, porque a través de la parábola de los dos deudores, Jesús enseñó que el que no perdona, cae preso de los verdugos, es decir, la falta de perdón, o lo que es lo mismo, el guardar rencor, nos expone a la influencia de los demonios.
 
Si guardamos rencor, sin darnos cuenta, le estamos abriendo la puerta de nuestra vida a la influencia demoniaca, lo que puede llevarnos a quedar endemoniados.
 
Otro problema que genera el rencor, es la amargura, y si brota una raíz de amargura en nuestro corazón, no solo nos contaminamos nosotros mismos, sino que según dice el autor de la carta a los Hebreos, una raíz de amargura, puede contaminar a muchos.
 
3ª CARACTERÍSTICA DEL AMOR: “el amor no busca lo suyo”
 
El verdadero amor, descarta el egoísmo, y si hay tantas rupturas matrimoniales hoy en día, es porque esta cualidad del amor, ha desaparecido en el supuesto amor de las parejas de hoy en día. Hoy en día, cada uno busca lo suyo, y cuando se altera el orden establecido por Dios en cualquier área de la vida, se pagan las consecuencias, y no hay más que ver la cantidad de familias que se destruyen, por causa del egoísmo.
 
Esto que estoy diciendo, también es aplicable al amor entre nosotros, el amor entre nosotros no puede ser egoísta, no debemos amar al hermano esperando algo a cambio, el amor no busca lo suyo.
 
Cuando amamos de verdad a alguien, somos capaces de renunciar a nuestros gustos, nuestros deseos, nuestra libertad, por satisfacer los gustos y deseos de la persona amada, cuando amamos de verdad, lo único que nos preocupa de verdad, es que la persona amada se sienta a gusto con nosotros, sin importar a lo que debamos renunciar nosotros, porque el “yo” pasa a un segundo plano, porque el primer plano pasa a ser ocupado por la persona que amamos.
 
Esto debe de ser así entre nosotros, los cristianos debemos preferirnos los unos a los otros, los cristianos debemos amar de tal manera, que busquemos lo mejor para los demás, la ley del amor, tiene que llevarnos a sacrificar nuestra libertad, si nuestra libertad es piedra de tropiezo para el hermano.
 
 
El amor debe de llevarnos a llevar las cargas de los hermanos, el amor debe de llevarnos a ayudar a los débiles, porque el amor no busca lo suyo.
 
La última característica del amor, que vamos a ver, no está en 1ª Corintios 13
 
4ª CARACTERÍSTICA DEL AMOR: Romanos 12:9
9 El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo y seguid lo bueno.” 
 
Lo que quiero resaltar es “El amor sea sin fingimiento”.
 
En una ocasión le dijeron a Pablo, que las muchas letras lo habían vuelto loco, y creo que cuando escribió este versículo debía de estar bajo la influencia de esa locura porque ¿cómo va a haber amor fingido en una Iglesia?...
 
Pues evidentemente, cuando Pablo le advierte a los cristianos de Roma que el amor debe de ser sin fingimiento, es porque algunos cristianos fingían el amor.
 
Recordemos siempre que a Dios no lo podemos engañar, al hermano sí que lo podemos engañar haciéndole creer que lo amamos, pero quien nos juzgará, no será el hermano, sino Dios, y como acabo de decir, a Dios no lo podemos engañar, y si no amamos al hermano, es que los genes de Dios no están en nuestro corazón, y si no tenemos la naturaleza divina, es porque no hemos nacido de nuevo, lo cual tiene una consecuencia muy grave, porque los que no han nacido de nuevo, pasarán la eternidad en el infierno.
 
No sirve de nada que finjamos el amor, pero además, si fingimos el amor, nos engañamos a nosotros mismos y nos hacemos daño a nosotros mismos, porque eso nos obliga a ser hipócritas, y si hay algo de Dios en nosotros, la conciencia nos estará redarguyendo constantemente.
 
Para terminar, solo quiero decir, que no podemos decir que amamos a Dios a quien no vemos, si no somos capaces de amar a los hermanos a quienes vemos.
 
No podemos decir que amamos a Jesús, que es la cabeza de la Iglesia, y decir que no amamos a los hermanos, que formamos el cuerpo de la Iglesia.
 
Si nos cuesta amar a los hermanos, examinemos nuestro corazón, y acerquémonos a Dios, porque Dios es amor, y cuanto más cerca de Dios estemos, más el amor de Dios nos ayudará a amar a los hermanos.
 
RECORDEMOS QUE:
 
Debemos procurar los dones, pero debemos seguir el amor.
 
Debemos tener fe, pero la fe que obra por el amor.
 
Debemos tener el fruto del Espíritu, y una de las partes de dicho fruto es el amor.
 
Debemos soportarnos los unos a los otros con amor
 
Debemos seguir la verdad, pero la verdad en amor
 
Todos somos partes del mismo edificio espiritual, y el cemento que une las piedras vivas de este edificio es el amor.
 
Pero sobre todo, debemos estar vestidos con el amor, que lo primero que se vea y se note en cada uno de nosotros, sea el amor.
 
Que Dios os bendiga
Miguel García

Pastor e hijo de pastor. Miguel es un hijo de emigrantes españoles, nacido en la ciudad suiza de Ginebra, en el año 1965. Sus padres, José y Carmen, abrazaron la fe en aquel país, y criaron a sus cuatro hijos varones (José, Emilio, Miguel y Benjamín), en el evangelio.

Miguel siguió desde muy joven las pisadas de su padre en el ministerio pastoral. Junto con sus hermanos, colaboró en las labores pastorales de las varias iglesias que pastoreó su padre. En 1989, Miguel fue ordenado como ministro. Desde ese mismo año, y hasta 1993, sirvió como copastor junto a su padre en la iglesia de Puerto de Sagunto, Valencia.

Entre 1997 y 2001 colaboró también con ciertas organizaciones llevando literatura cristiana en su coche a diferentes   ciudades árabes.

Miguel ha mostrada un deseo incansable de servir en la obra del Señor; esa es su pasión, ese es el motivo por el que vive. Todo lo demás: carrera, éxito laboral, solvencia económica, reconocimiento humano; todo lo ha  supeditado a su deseo ferviente y sacrificado de servir al Señor. Junto con su esposa Juani y su hija Damaris, han servido al Señor en Cartagena; también en Antequera; y como pastores de la Iglesia Cristiana Evangélica Apostólica, del movimiento del apóstol Daniel del Vecchio, en Torremolinos, Málaga. Actualmente están dedicados a fundar una iglesia en su propia casa, en Cartagena, y colabora con una emisora de radio cristiana en Murcia, llamada Radio Vida, realizando un programa semanal llamado REFLEXIONES, que es la fuente de inspiración para este libro.

Miguel, es tanto un hombre de la mente, como del Espíritu. El Señor le ha dado una capacidad intelectual extraordinaria. Es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia; por la misma universidad obtuvo el título de haber realizado el Curso de Aptitud Pedagógica. El Señor le ha dado dones en el área de la enseñanza, tanto de materias académicas, como de las Sagradas Escrituras.

Miguel ha usado sus dones para hacer una apología lógica y racional, a la vez que compasiva y práctica, de temas actuales y relevantes para el creyente en medio de la sociedad actual. El deseo del autor es ver a los creyentes caminar en rectitud y obediencia a la enseñanza de la Palabra de Dios. Al igual que su padre, Miguel, es un amante de la verdad de la Palabra de Dios y de sus principios eternos. Al igual que Esdras, el autor se ha propuesto inquirir en la ley del Señor, aplicar sus principios a su propia vida, y enseñarlos al pueblo de Dios (Esdras 7:10). Al igual que el apóstol Judas, Miguel se ha empeñado en contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3). Miguel habla y enseña con convicción, con sencillez y claridad.

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