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Viernes, 23 Noviembre 2012 10:10

Carta a Dios...y al mundo

Escrito por

Quiero compartirles una carta que leí hace algún tiempo encontrada en lo que fué el Guetto de Varsovia. Es muy  sobrecogedora y se presta para responder a algunas de las preguntas que surgen después de leerla: ¿Por qué sufrimos? ¿Cuál es el propósito del sufrimiento? Al concluir esta misiva reflexionaremos acerca de ésto. Os la remito íntegramente.

Yo, Yosef  hijo de David Racover de Tamopol, un jasid del Rabino de Gur y descendiente de las piadosas y grandes familias de Racover y Meisel, escribo estas líneas mientras las casas del ghetto de Varsovia son presas de las llamas, la casa en que me encuentro es una de las últimas que aun no arde.
 
Durante varias horas, atronantes salvas de artillería estallan sobre nosotros y las paredes en torno se desintegran bajo el fuego. Ya no falta mucho para que la casa en que me encuentro se transforme, como todas las otras del ghetto, en la tumba de sus defensores. Cuando mi mujer, mis hijos y yo seis en total nos escondimos en la noche y la noche sola nos acogía en su regazo, el día nos devolvía a nuestros perseguidores y asesinos.
 Recuerdo con una dolorosa claridad el día que los alemanes barrieron con fuego nutrido a los miles de refugiadosen la carretera de Grodno a Varsovia.  Al alba, los aviones zumbaban sobre nosotros, durante todo el día nos asesinaban.  En esa masacre pereció mi esposa con nuestro hijito de siete meses en brazos y otros dos de mis cinco hijos restantes que desaparecieron sin dejar huella. Eran David y Yehudah, uno de cuatro y otro de seis años de edad.
 
Al anochecer, un puñado de sobrevivientes continuó su camino hacia Varsovia y yo con mis otros tres hijos comenzamos a buscar en los campos y los bosques de la masacre a los otros dos niños.  La noche entera los llamamos, solo el eco nos contestaba.  Nunca más vi a mis dos niños, y más tarde un sueño me dijo que estaban en manos de Dios.  Mis otros tres hijos murieron en el término de un solo año en el ghetto de Varsovia.
 
Rujele, mi hija de diez años, oyó que era posible encontrar mendrugos de pan en el basural público fuera de los muros del ghetto.  El ghetto padecía hambre en esa época y la gente que moría por inanición, yacía por las calles como andrajos amontonados. La gente del ghetto estaba preparada para enfrentar cualquier muerte menos la del hambre.  Rujele no me había contado nada sobre su plan de escurrirse fuera del ghetto, lo cual estaba penado con la muerte.  Ella y una amiguita de la misma edad emprendieron el peligroso viaje.

 Dejó la casa al abrigo de la oscuridad y al salir el sol ambas fueron avistadas del otro lado de los muros del ghetto.Guardias nazis y decenas de sus agentes polacos comenzaron la persecución de las dos niñas judías que se aventuraron a la búsqueda de un pedazo de pan en un pote de basura.  Los que presenciaron y presenciamos esta cacería desde las ventanas, no podíamos creer lo que veíamos.Podía creerse que era la persecución de peligrosos criminales, esa horda de personas persiguiendo a un par de niñas de diez años y hambrientas.
No pudieron soportar mucho esa competencia desigual.  Una de ellas, mi hija, corriendo con sus últimas fuerzas, cayó exhausta al suelo y los nazis le balearon la cabeza.  La otra niña escapó, pero dos semanas más tarde falleció trastornada.  El quinto de mis hijos Yaacov, un niño de trece años murió de tuberculosis el día de su Bar Mitzvah.  Mi última hija, Chayah, de quince años, pereció durante una “kinderaction”, operación de niños, que comenzó al alba del último día de Rosh Hashanah y terminó al amanecer.
 Ese día antes de ponerse el sol centenares de familias dijeron Kadish por sus hijos. Y ahora ha llegado mi turno, y como Job, puedo decir de mí, no soy yo el único que puedo decirlo, que vuelvo a la tierra desnudo, tan desnudo como el día en que nací.  Tengo cuarenta y tres años y mirando hacia el pasado puedo afirmar honestamente, tan confiado como el hombre puede serlo consigo mismo, que he vivido digna y respetablemente, mi corazón lleno de amor hacia Dios, fui bendecido con éxitos pero nunca me he jactado de ellos, mis posesiones fueron extensas y mi casa siempre abierta para necesitados. Serví a Dios con entusiasmo y mi solo pedido era que El me permitiese honrarlo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.  No puedo decir que mis relaciones con Dios permanecen inalterables después de todo lo que ha sucedido, pero puedo decir con absoluta certeza que mi creencia en El no ha cambiado en absoluto.  
 
Tengo aún tres botellas de gasolina, son tan preciadas para mí como el vino para un borracho.Éramos doce en esta habitación al comenzar la rebelión, durante nueve días combatimos al enemigo, mis once camaradas cayeron muriendo silenciosamente en la batalla incluyendo el pequeño de cinco años, que vino aquí solo sabe Dios como, y que ahora yace muerto cerca mío luciendo en su cara una sonrisa como la de los niños que sueñan pacíficamente, también este niño murió con la misma calma ética que sus camaradas mayores.
 
Escribo estas líneas recostado en el suelo, alrededor mío yacen muertos mis camaradas. A menos que mi cara sea comida por las llamas, una sonrisa similar a la de ese niño podría quedar grabada en ella después de mi muerte.  Mientras tanto aún vivo y antes de morir, quiero hablar a mi Señor como un hombre viviente, una simple persona viviente que tuvo la grande pero trágica suerte de ser judío.  Estoy orgulloso de ser judío, no a pesar del trato que el mundo nos dispensa, sino precisamente debido a ese trato.Me avergonzaría pertenecer al pueblo que engendró y crió a los criminales responsables de los hechos que se han perpetrado contra nosotros.  Estoy orgulloso de ser judío porque es un arte ser judío, porque es difícil ser judío.No es ningún arte ser inglés, americano o francés, puede que sea más fácil, más cómodo ser uno de ellos pero no es más honorable. Si, es un honor ser judío. Soy feliz de pertenecer al pueblo más infeliz del mundo cuyos preceptos representan lo más elevado y bello de toda moralidad y leyes. Se nace judío tal como se nace artista, es imposible renunciar a ser judío.  Este es nuestro atributo divino que nos convirtió en pueblo elegido.  Creo en ti, Dios de Israel, a pesar de todo lo que has hecho para que no creyese más en ti.Creo en tus leyes aún cuando no puedo comprender tus acciones.
 
La muerte no puede esperar más, desde los pisos encima mío el tiroteo se debilita a cada minuto que pasa, los últimos defensores de esta fortaleza están cayendo y con ellos caen y perecen los Jasidim judíos de Varsovia, yeré elokim, temerosos de Dios. El sol se está poniendo en una hora más a lo sumo estaré reunido con el resto de mis hijos y de mi familia, y con los millones de miembros de mi pueblo que sucumbieron, en ese mundo mejor en el que ya no habrán mas dudas.
Te he seguido aún cuando me has rechazado, he seguido Tus mandamientos aún cuando me has castigado por ello, Te he amado y Te amo aún cuando me has arrojado a la tierra, torturado hasta la muerte y convertido en objeto de vergüenza, de escarnio y de ridículo.
 Y estas son mis últimas palabras hacia Ti mi airado Dios: Has hecho todo lo posible para hacerme perder mi fe en Ti, pero muero exactamente como he vivido, gritando ¡Shemah Israel Ha Shem elokenu  HaShem Ejad!
 

Varsovia, 28 de Abril de 1943-23 Nisán 5703. 

 

EL MISTERIO DEL SUFRIMIENTO

El propósito de leer esta carta, no es provocar una lágrima, tocar sus emociones con una historia conmovedora, ni tampoco es dejar en nosotros un sentimiento de derrota o auto lástima a los que sufren por diversas causas, sino que, todo lo contrario. Nuestro propósito es dar luz a los hombres en cuanto al propósito glorioso del sufrimiento que los hijos de Dios han llevado por amor a Cristo.
EI sufrimiento está en el mundo, para que se manifieste, para que resplandezca el amor.
 El sufrimiento humano es un misterio, un misterio que se enmarca dentro del misterio de la Redención de Cristo, un misterio para el cual no hay una respuesta como la que esperamos, un misterio al cual Cristo no responde sino que llama para que le sigamos en su sufrimiento y colaboremos con El en la salvación del mundo.
 
Veamos cuales pueden ser los propósitos de sufrimiento:
  • Participar de las aflicciones de Cristo. Pero los que han sufrido y han entregado su sufrimiento a Cristo saben por experiencia que, al unir su sufrimiento al de Cristo, enseguida la cruz del sufrimiento se aliviana. ¿Por qué se aliviana? Porque Cristo mismo nos ayuda a llevarla.  Cristo nos invita a compartir su sufrimiento y al compartir los nuestros con los de Cristo, al unir nuestro sufrimiento al de Cristo, no es que desaparece la causa del sufrimiento, pero nuestro sufrimiento parece diluirse en los sufrimientos de Cristo. También... un misterio. Pero prueba, prueba si estás sufriendo, trata de entregar y de ofrecer tus sufrimientos a Cristo... y verás.
  • Porque de alguna manera, Dios logra lo que se propone.(Es necesario). A través del sufrimiento Dios nos perfecciona.
  • Para que se manifieste el amor de Dios en nosotros y a través de nosotros.
  • Para ayudarnos a confiar en lo eterno, en lo celestial.
  • Quebrantar nuestro orgullo y mantienernos humildes.
  • Nos motiva a acercarnos a Dios.
Dicho esto, veamos cuáles son las actitudes que tenemos ante una situación de sufrimiento.
En cuanto aparecen los primeros síntomas de sufrimiento, la tendencia inicial es de oposición y viene entonces una pregunta que nunca falta: ¿Por qué? ¿Por qué a mí? Y esta pregunta no tiene respuesta-al menos en un primer momento cuando miramos el sufrimiento desde el ángulo meramente humano.
El misterio del sufrimiento es un proceso.
Luego de esa oposición y cuestionamientos iniciales viene un momento de impotencia en que algunos recurren a Dios, también preguntándole por qué. Y Dios tampoco responde. La respuesta divina es más bien una invitación, una llamada de Cristo a seguirlo en su sufrimiento... un misterio. Cristo nos responde desde la Cruz y nos invita a tomar la cruz del sufrimiento.
Y ante esta invitación, podemos seguir oponiéndonos, actitud que no ayuda, pues la cruz se hace más pesada. O podemos tomar la cruz, imitando a Cristo en su sufrimiento, respondiendo a su llamado “toma tu cruz y sígueme” (Lc. 9, 23). Al principio podemos tomarla con temor, con miedo al sufrimiento, creyendo que la aceptación lleva al agravamiento. 
 
Entonces podemos comenzar a entender para qué es el sufrimiento: para colaborar con Cristo en la salvación del mundo y en nuestra propia salvación. Por eso se oye hablar de ofrecer el sufrimiento por alguien, por la conversión de las almas, por la propia conversión.  Así lo hicieron muchos santos, algunos de los cuales al principio también pudieron haberse rebelado. Sabemos que muchos, de hecho, se convirtieron y comenzaron su camino de santidad por una situación de sufrimiento. Así son los caminos y las maneras de Dios: incomprensibles si los miramos con nuestra miopía humana, racionalista, mundana. 
El sufrimiento, entonces, es un misterio, un misterio que se convierte en una invitación de Cristo a seguirle y a colaborar con Él en la salvación del mundo y en el triunfo final de las fuerzas del Bien.

PROMESAS PARA LOS QUE SUFREN

  • Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. —1 Pedro 5:7
  • No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. —Isaías 41:10
  • Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. —Salmo 27:10
  • De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre. —Hebreos 13:6
  • Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. —Salmo 91:11; 23:4
  • Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. —Filipenses 4:13, 19
 
 
 
 
Toni Martínez

Toni Martínez es pastor de Ministerio a los Pies del Rey y uno de los presentadores de programas en Radio Televisión Vida Colabora en la edición y enriquecimiento de su sitio web y conduce el programa 'Vida en la Palabra' que se emite semanalmente en radio y televisión.

Además, es parte de A los Pies del Rey Music como músico, voz y pastor que coordina el grupo de alabanza.

Casado y con cuatro hijas, reside actualmente en la ciudad de Murcia (España).

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