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Jueves, 04 Octubre 2012 17:00

La pregunta de Unamuno y la fe genuina

  • Debemos saber lo que somos, tenemos y podemos en Cristo
Escrito por

Dicen que en una ocasión Miguel de Unamuno le preguntó a un carretero: “¿Qué es lo que cree usted?”. “Lo que cree la iglesia” - contestó con toda naturalidad el carretero. “Y ¿qué cree la iglesia?”- quiso saber el literato. “Lo que creo yo”- fue la respuesta, quedando así el diálogo en un insalvable punto muerto.

Aquel hombre creía en algo, es verdad, pero no en un conjunto de verdades que formasen un cuerpo doctrinal o un credo; tampoco en un Dios personal de quien pudiese hablar como algo cercano; o en una determinada forma de vivir y de plantear la existencia. Por su respuesta podemos deducir que este hombre creía en la iglesia (la católica romana, propia de un español de ese tiempo) y se identificaba con ella; y también confiaba en que la iglesia sabía lo que los cristianos debemos creer. Casi podemos hacer una paráfrasis de sus palabras: Yo no sé muy bien qué es lo que creo pero soy parte de la iglesia y aceptaré lo que ellos digan que creemos los cristianos.

Cuántos hay en España y en todas partes del mundo, de una religión o de otra (o de ninguna) que no saben muy bien lo que creen, ni les preocupa este hecho.

Pero ¿será esto en verdad fe? ¿El carretero de Unamuno se podía considerar a sí mismo un hombre de fe? Para contestar a estas preguntas conviene recordar la naturaleza de la fe genuina:

1) La fe genuina es la confianza del corazón del hombre puesta en algo muy concreto: en Cristo, el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:2) y en la Palabra de Dios (La Biblia). Nuestra fe no puede estar basada en una iglesia o en un hombre; ni en una tradición de hombres; tampoco podemos dejar que nuestro corazón se conconce a un libro o norma teológica o filosófica que procede de los hombres. Si hiciésemos eso seríamos dignos de lástima, porque estamos edificando nuestra casa en la arena. Y Jesús dejó bien claro que debemos edificar toda nuestra vida en la Roca, es decir, en Él y en su Palabra (Lucas 6:47-49).

Bienaventurados los que confiaron en el Señor y pusieron su fe en algo infalible y eterno, ¡Pero cuán desdichados los que confiaron en el hombre y en sus productos!
La fe, por lo tanto, para ser genuina se debe anclar firmemente en Dios mismo, y hacer de las promesas de la Biblia su fortaleza (Hebreos 6:17-19). La fe está nutrida por la cercanía con Cristo y la obediencia a sus palabras.

2ª Pedro 1:19: Y así tenemos la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en prestar atención como a una lámpara que brilla en el lugar oscuro, hasta que el día despunte y el lucero de la mañana aparezca en vuestros corazones.

2) La fe genuina no es una creencia en la “fe” como una fuerza o un poder, sino que es una fe en Dios: Marcos 11:22: “Y Jesús respondió, diciéndoles: Tened fe en Dios”. No podemos decir como muchos: Yo tengo mucha fe. Creo mucho... y esa supuesta fe parece un amuleto o fuerza mágica interior que nos va a ayudar, o a sacar de apuros; pero luego tenemos una mezcla de religión, nueva era, nuestras propia sabiduría, etc. No. La fe genuina depende de Dios y es una obra de Dios en el corazón del creyente. (Proverbios 3:5). La crea el Espíritu Santo y no se puede producir en la mente del hombre de forma independiente al Espíritu y a la Palabra.

3) Por último la fe genuina es eficaz, es decir, produce resultados: traslada montañas
(Mateo 17:20). Dios nos da un espíritu de fe (2ª Corintios 4:13) para hacer su voluntad y para expresar su amor por los seres humanos (no para intereses egoístas, Santiago 4:3). Nuestra fe será nuestra fortaleza, nuestra visión, nuestra victoria en la batalla, nuestro descanso y paz, etc. En definitiva nuestra vida se convertirá en una vida de fe. Quizás no le digamos nunca a un monte que se quite y se eche al mar. Pero sí moveremos problemas gigantescos, o levantaremos nuestros corazones en alabanza cuando estén deprimidos, o resistiremos bajo luchas y tribulaciones... y todo eso por una fe que es eficaz. La fe sin obras, sin fruto, sin amor, está muerta. No es fe.

Si algún curioso nos preguntase, emulando a Miguel de Unamuno, qué es lo que nosotros creemos, jamás podríamos contestar: lo que cree mi iglesia tal; o el pastor o líder cual; o lo que dice el libro escrito por fulano; o la ideología de mengano. Nuestra respuesta debe ser clara, natural, inmediata y sin vacilaciones: creo en Cristo, en su obra de salvación, en que está vivo pues resucitó, creo en su Palabra... ¡Yo creo en Mi Padre, Dios!

LO QUE SOMOS, LO QUE TENEMOS Y LO QUE PODEMOS EN CRISTO JESÚS
Pero no sólo debemos decir con rotundidad: Creo que Jesús es el Hijo de Dios, y mi Señor y Salvador; y creo en la Biblia como la Palabra de Dios, única norma de fe y de práctica.
Esto lo debería declarar cada cristiano con toda sinceridad. Sea un veterano en las filas de Dios o un recién convertido. Es el principio y la base de nuestra vida de fe.

Sin embargo hemos de crecer en la fe. Ésta comienza como un grano de mostaza, pero se tiene que desarrollar progresiva y maravillosamente hasta ser todo un árbol (Mateo 13:31-32). En la medida en la que vayamos conociendo al Señor de forma personal, y Él por su Espíritu nos vaya revelando las verdades de su Palabra (sus promesas, su obra, su gracia y el camino de vida en Cristo) nuestra fe madurará y se obrará un cambio palpable en nosotros.

Conocer lo que somos, lo que tenemos y lo que podemos en Cristo Jesús no es asignatura de un curso, sino de toda una vida. Y el ir incrementando nuestra fe, a través de la enseñanza de las verdades fundamentales de la Biblia, nos llevará a tomar nuestra posición en Cristo.
 

Fernando Vergara

Pastor principal de Ministerios A los Pies del Rey y fundador de Radio Televisión Vida, medio de comunicación cristiano que dirige desde 1996.

Licenciado en Teología por el Seminario Bautista de Madrid.

Cuenta con una experiencia profesional de más de 34 años en radio. Ha trabajado, entre otras, en las siguientes emisoras: Radio Juventud en Albacete, Radio Vigo, Radio Bilbao, Radio Vitoria, Radio Gandía, La voz de Granada, Radio Tarragona o La voz de la Palma.

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