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Miércoles, 16 Diciembre 2015 10:38

Universitarios poco adultos

  • La mayor incertidumbre sobre su futuro y la sobreprotección familiar se traducen en jóvenes más inseguros y menos autónomos
Escrito por Radio Televisión Vida

La incertidumbre que pesa sobre su futuro y la sobreprotección familiar con la que muchos han crecido está haciendo mella en los universitarios. Profesores y directivos de los campus aseguran que no se puede generalizar porque entre casi 1.500.000 alumnos hay personas de todo tipo, pero cuentan que en los últimos años viven situaciones y observan comportamientos que antes no se veían entre la población universitaria.

 

"Hace años en los colegios mayores casi no conocíamos a ningún padre de los residentes; ahora no sólo vienen a informarse de los servicios y las condiciones del centro o a visitar a sus hijos, sino que hemos visto a algunos quedarse alojados para cuidarlos cuando están enfermos", explica el director del colegio mayor Alcalá, Fernando López.

"Te piden que les resuelvas todo; me han llegado a preguntar en qué parte de la página web tenían que pinchar para inscribirse en el máster de Psicología Sanitaria; y observo que emplean más tiempo en buscar ayuda externa que en intentar resolver el problema", apunta Cristina Larroy, profesora y directora de la Clínica Universitaria de Psicología de la Complutense de Madrid. "He tenido alumnos que se han olvidado el trabajo el día que tenían que entregarlo y no entendían que no les ampliara el plazo y con ello les forzara a volver a casa a buscarlo, con el esfuerzo inútil que suponía", relata una profesora de Comunicación de Blanquerna.

 

"Hay una cierta infantilización en nuestros estudiantes; cuando nosotros entrábamos en la universidad reivindicabas que ya eras adulto, y los alumnos de ahora no se consideran adultos, como mucho se ven como jóvenes, alguien aún no adulto pero tampoco adolescente", comentaba hace algún tiempo el profesor de Psicología Evolutiva de la Autónoma de Madrid José Luis Linaza.

Son muchos los profesores, directivos y funcionarios de las facultades que afirman que los universitarios muestran comportamientos típicos de adolescentes: les cuesta cumplir los horarios, les falta un punto de responsabilidad para hacer aquello a lo que se comprometen, tienen poco autocontrol y esperan una supervisión o autoridad externa para cumplir las normas, se sienten inseguros y son muy demandantes de ayuda externa. A modo de ejemplo, López cuenta que en los últimos años han tenido que modificar la normativa de los torneos deportivos entre colegios mayores de Madrid para exigir que en los partidos de segunda ronda haya siempre miembros del equipo ­directivo que supervisen a sus respectivas aficiones porque los chavales no son capaces de autocontrolarse y se producían situaciones de violencia.

"Lo que nosotros vemos es que tienen baja tolerancia a la frustración y que las expectativas con las que entran en la universidad respecto al esfuerzo y la cantidad de horas que les requerirán los estudios no se corresponden con la realidad; también nos consultan por dificultades para gestionar los conflictos con compañeros de clase, de piso o en las redes sociales", dice el responsable del Servicio de Asesoramiento Psicológico de la UPF, Óscar Caballero.

Algunas voces relacionan estos comportamientos con la "crianza helicóptero", con la sobreprotección que ejercen muchos padres (y la sociedad en general) y que impide a los niños explorar y encontrar su propio camino sin la supervisión de un adulto, de modo que no aprenden a resolver sus problemas por sí mismos. "Los padres están muy pendientes, muy informados y alertas de todo, y se infantiliza a los chicos porque sus padres no les dicen que no, no los frustran, les facilitan la vida, y al llegar a la universidad se encuentran con que la vida no rebaja sus niveles de exigencia, aunque sus padres sí lo hayan hecho", opina López.

El director del departamen-
to de Psicología Básica, Evolutiva y de la Educación de la UAB, Jordi Fernández Castro, cree que los universitarios de hoy son tan maduros o más que los de antes y que lo que han cambiado son las circunstancias y ahora necesitan poner en juego más recursos emocionales y sociales para sobrevi-vir porque el entorno actual es más complejo y están sometidos a más presiones e incertidumbres. "Hasta hace unos años cursar unos estudios superiores aumentaba mucho la probabilidad de encontrar un trabajo medio bueno o bueno, y eso saben que ya no es cierto, de modo que se sienten más inseguros y preocupados, y son más desconfiados que los jóvenes de antes", asegura.

El director del colegio mayor Sant Jordi de la UB, Miquel Serra, también observa esta preocupación y un mayor miedo al fracaso entre sus residentes. "Hoy saben que no basta sacar la carrera para tener la vida resuelta y tienen más tensión por tener buen expediente, por sacar buenas notas, por qué máster estudiarán después...", señala. A pesar de ello, cree que son jóvenes decididos y valientes porque no les importa irse a cursar parte de la carrera al extranjero, lo que provocaba pánico a universitarios de otras generaciones.

Tanto Jordi Fernández como Cristina Larroy consideran que los cambios en la población de los campus también tienen que ver con que ahora llegan muchos más jóvenes y de forma más fácil. "Ahora la criba se produce en la ESO: si la pasan, es fácil llegar a la universidad porque entre el bachillerato y las facultades no hay tanta selección como en otros países, así que llegan muchos y muy variados alumnos, gente de todo tipo", opina el profesor de la UAB. "Antes en muchas licenciaturas sólo entraban unos pocos de entre los mejores, de modo que los que lo conseguían habían pasado por muchas horas de estudio y se habían entrenado para posponer el refuerzo, para esforzarse por un objetivo a largo plazo, mientras que la generación actual logra entrar con menos esfuerzo (los problemas económicos suelen ser el principal motivo para quedarse fuera) y quieren todo en un parpadeo", indica la profesora Larroy.

Y añade que la proliferación de universidades públicas y privadas hace que también sean muchos menos los chavales que tienen que marchar de su casa para poder estudiar porque ahora no necesitan desplazarse muy lejos. "La mayoría sigue viviendo con sus padres y eso supone una pérdida de autonomía personal porque al no independizarse no se ven obligados a hacerse cargo de su vida", apunta.

Esta circunstancia, según algunos expertos, provoca que muchos continúen siendo adolescentes en sus años de universidad porque los padres siguen supervisando sus vidas, sus notas e incluso tratan de entrevistarse y de contactar con sus profesores, lo que les deja menos margen para resolver solos sus problemas. "Se acusa a los padres de sobreprotectores, pero en realidad es toda la sociedad la que infantiliza y la que presiona a los padres para que estén encima y se responsabilicen de sus hijos, porque hoy está mal visto que los dejes ir solos al cole o incluso que no vayas a recogerlos a la discoteca, cuando la filosofía debería ser que si son mayores para salir lo son para volver solos", reflexiona Larroy.

De su convivencia en las aulas o en los colegios mayores algunos profesores también sacan la conclusión de que los universitarios actuales, pese a quejarse mucho, son más dóciles y obedientes que los de hace algunos años, es fácil dialogar con ellos y tienen más ganas de relacionarse.

FUENTE: la vanguardia.com (16-12-2015)

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