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Martes, 15 Mayo 2018 10:56

En Las Manos Del Maestro

Escrito por
Había una vez un pincel que era la admiración de todos los lápices, pinceles y crayones, puesto que con él habían sido pintados los cuadros más hermosos.
 
Cuando el pintor tenía que realizar una obra de calidad, siempre acudía a él, sus suaves cerdas le daban un toque especial a cada detalle. Esto llenaba de orgullo al “pincelito”, que solía pasearse orgulloso por el taller.

Un viejo plumín le dijo: “¿te crees muy bueno? lamento informarte que tú solo no vales nada, eres un esclavo del pintor que es quien te usa como a él le parece mejor”.

Esto inquietó al pincelito. ¿Sería verdad? ... si era así, ¿qué derecho tenía el pintor de hacer con él lo que quisiera? ¿Por qué el pintor había de llevarse todo el mérito?. Al día siguiente, cuando el pintor lo tomó en sus manos, decidió que sería él quien dictaría los trazos, cuando el pintor quería realizar una línea, el pincelito hacía fuerza para pintarla en otra dirección, el pintor quería sopar el pincel en un color, él apuntaba hacia otro tarrito de pintura. El pintor no entendía qué estaba sucediendo, en el lienzo aparecieron manchones deformes y desprolijos. Luego de varios intentos fallidos, dejó al pincelito de lado y tomó otro para recomenzar su obra.
 
Esto puso aún más furioso al pincelito. ¿Quién se creía ese pintor? ¡Ahora mismo se pondría él solo a pintar sin necesidad de que ese tonto pintor. Y así lo hizo. Se ubicó frente a un lienzo y comenzó a pintar. Todos observaban absortos al pincelito, de más está decir, que tan sólo una masa deforme de colores superpuestos apareció sobre el lienzo. Y todos se rieron de él. El pequeño pincel, avergonzado, deprimido y frustrado se retiró a llorar en su vaso.
 
El pintor, lo tomó dulcemente en sus manos y le dijo:
“Querido amiguito, yo sé que tú eres el mejor, pero eres el mejor en mis manos, déjate conducir por mis manos podemos crear juntos la belleza. Yo te amo, y te elijo a ti, entre muchos otros, sécate esas lágrimas, y vamos a seguir pintando”.
 
Muchas veces nosotros creemos que el mérito por lo que hacemos es nuestro y nos olvidamos que sólo en las manos del maestro podemos realizar las obras de arte más grandes.

”¿No podré yo hacer de ustedes como este alfarero...dice el Señor. Porque ustedes son como el barro en la mano del alfarero”. (Jeremías 18: 6)
 
Fuente: Enviado Al Programa Soplando Vida por Ana Morata (Águilas)
 

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