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Martes, 13 Junio 2017 16:24

Dulce Venganza

Escrito por
No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Romanos 12:19

Había una vez dos soldados que estaban en una base militar en Asia y tenían a un criado chino quien les ayudaba con los quehaceres de la vivienda. Pero nunca lo dejaban en paz, siempre le hacían bromas bastante crueles. Al parecer el criado nunca se quejaba ni decía nada, se quedaba callado todo el tiempo.
 
Así que estos dos soldados se comenzaron a sentir mal y le pidieron disculpas. El criado estaba tan agradecido y dijo "¿Me están queriendo decir que no más clavar chanclas al piso, no mas nudos en servilletas? "Sí así es, nada de eso." 
 
El criado chino les contestó: "Okay, entonces no más escupir en su sopa".
 
La venganza no es dulce como la miel, ¿Sabe por qué? Porque nunca satisface; y nunca satisface porque nunca es suficiente. Siempre tendrá sed de más.
 
La venganza es un deseo ardiente que no satisface. Ese hombre, mujer, jefe, ex, compañero de trabajo que le hizo daño o le hizo una injusticia jamás podrá pagar lo suficiente.  Anótelo bien, La venganza es una guerra que jamás podrá ganar. La venganza es la ley de ojo por ojo y diente por diente.
 
Mahatma Gandhi dijo "Ojo por ojo, y el mundo terminará ciego". Gandhi tenía razón; porque siempre querremos que el otro sufra más y más.
 
Como puede ver, Dios no nos diseñó para tomar la justicia en nuestras manos. Yo sé que hay personas que están leyendo este artículo que sienten un fuerte deseo de ajustar cuentas pendientes.
 
Quizá usted siente un fuerte deseo de venganza porque:
Su padre lo abandonó cuando era niño.
O porque su esposo la dejó sola con tres hijos.
Quizás alguien rompió su corazón o le robó su dignidad.
Quizás fue alguien que lo traicionó.
Puede ser cualquier cosa; pero algo sucedió en su vida que activó ese sentimiento de amargura, de ira, y ahora se quiere vengar por lo que le hicieron.
 
¿Entonces, qué debemos hacer? Lo más sano es abandonar esos sentimientos de ira, amargura, resentimiento, y dejarlos en las manos de Dios.
 
Quizá usted diga, sí pero tú no sabes el daño que me causaron. Tiene razón, no lo sé... lo que sí sé es que aferrarse a la ira y la venganza solo le hará más daño.
Alguién dijo, "Agarrarse a la ira es como coger una brasa para arrojársela a alguien: el que se quema es uno mismo".
 
Fuente: Más De La Vida

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